Gary Louris está mayor. O eso parece. Hasta que empieza a cantar esas melodías de barniz brillante que nunca cogen polvo. Melodías que sonríen. La arruga: el mapa de lo vivido. El paso del tiempo solo le sienta bien a las bandas muy grandes, como Jayhawks. Sus giras en España adquieren ya rango de acontecimiento. Y Granada era asignatura pendiente: catorce años han pasado desde aquel concierto memorable en la Industrial Copera, que en el equipo de MondoSonoro recordamos con emoción. Anoche, más de quinientas personas en la sala El Tren. Un dato: un tercio del público, músicos de cuatro generaciones distintas. Se nota, eso sí, la ausencia de Mark Olson, con el previsible bocado al repertorio. El protagonismo lo acapara Louris, andaluz adoptivo que se reivindica a sí mismo y que, ay, todavía no habla castellano.

Jayhawks nunca sucumbieron a las florituras de Wilco. La eterna comparación. Sin embargo, preservan la quintaesencia del folk-rock con olor a vacas y, lo mejor, dominan como nadie la armonía perfecta, el fraseo luminoso. Abrieron con la contagiosa ‘I’m gonna make you love me’ y rescataron material de la era de “Smile” , necesaria invitación al optimismo. Rock con vitamina, voces clisadas de maravilla y una veintena de canciones que redondean la cresta del género. Hasta el batería, Tim O’Reagan, entona como los ángeles. El piano y los coros de Karen Grotberg colorean astutamente cada pasaje, mientras Gary Louris se permite dislates como tocar esa música con una Flying de flecha y cable rizado.

La reciente publicación del directo “Live at the Belly Up” justifica el repaso diametral de su carrera desde la perspectiva de Louris. Medios tiempos abiertos al desparrame eléctrico y prestos a endilgar intensidades poéticas y sonoras. Un violín en ‘The man who loved life’, el trote alegre de ‘Angelyne’, el estribillo de ‘Strumbling through the dark’, la cadencia dylaniana de ‘Tailspin’ o los embates de voltaje de ‘Waiting for the sun’. La insistencia de los granadinos -pancartas incluidas- forzó que sacaran del armario ‘Bad time’, aquella versión de Grand Funk que hoy es casi más de Jayhawks que el original. Nadie olvida que se cumplen veinte años de “Tomorrow green grass”, el disco al que permanecen indisolublemente asociados. Momento de furor colectivo con ‘Blue’ y ‘I’d run away’. Y despedida con guiño a Golden Smog (‘Until you came along’). Radiantes. Una sonrisa nacarada al mundo. Un reducto de rock orgánico. Un buen lugar para quedarse y escapar de las grisuras.

 

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