Se presentaba más que interesante la ya clásica hora del vermú de la jornada dominical de Satélite T con la visita de The Godfathers que volvían a Euskadi tras su gira de celebración de su 30 aniversario de hace un par de años y la notable actuación en la pasada edición del Azkena Rock (leer crónica). Así lo supo ver la veterana parroquia bilbaína que abarrotó la sala deustuarra con ganas de disfrutar de los clásicos de los británicos así como de los temas de su último trabajo.

“A Big Bad Beautiful Noise”, publicado a principios de año, ha sido toda una sorpresa positiva. En los últimos tiempos, la banda formada a mediados de los 80 por Peter y Chris Coyne ha registrado una completa transformación y, el primero de los hermanos, el único que sigue al frente (tras el abandono de Chris en 2016), ha revitalizado el proyecto con cuatro músicos contrastados que han inyectado sangre nueva. El quinteto, con Steve Crittall, Jason Pegg, Tim James y Darren Birch arropando a Peter Coyne, ha participado al completo en el nuevo trabajo, y como se nota… buenas canciones, gran pegada y unas magníficas guitarras sucias y cortantes que te teletransportan a sus mejores años. Y el directo, salvando las distancias temporales, lo corrobora.

Desde los primeros acordes de “Cause I said so” se intuyó que íbamos a disfrutar de una gran sesión de rock n’ roll. Nos dejaron veinte canciones en poco más de una hora (+ bises) que pasaron como una exhalación. Desde el principio Peter Coyne se metió al público en el bolsillo con su ruda a la par de elegante imagen sin faltar unas buenas dosis de simpatía, dejando frases como “Thank you very much cabrones, you’re very lovely”, “Sois la hostia” o “Eskerrik asko”. Han pasado 30 años desde sus inicios pero “El Padrino” mantiene intacta la actitud y las ganas, y se defiende notablemente con su voz. La banda sonaba potente y compacta con un Steve Critall a la guitarra que se contorsionaba ocasionalmente para ofrecer unos riffs electrizantes.

Llegaron con un setlist que repasaba con detalle su extensa discografia compuesta por ocho álbumes de estudio más un directo (sin contar singles, recopilaciones y demás), un magnífico decálogo de rock n’ roll en el que se apreciaban por momentos las influencias de estilos como el R&B, el Punk o el Glam Rock. Hicieron especial hincapié a sus 2-3 primeros trabajos; del primero no faltaron las enormes “I Want you”, I’m Satisfied” y This Damn Nation”, y de los siguientes joyas como “She gives me love”, “Love is dead”, “If I Only had time” o “Birth, School, Work, Death”, entre otras. Tampoco faltó el fantástico rock n’ roll de “Some reaction”, incluida en la cara B del single “You Don’t Love Me’” y un buen repaso a su último trabajo. Y es que “A big bad beautiful noise”, que da nombre al álbum, “Till my heart stops beating”, “Let’s get higher”, “One good reason” y “Defibrillator” sonaron como un tiro. Se acercaba la recta final y Coyne tomaba prestado del público un abanico, normal tras la hora sin cuartel y con el traje intacto.

Tras un fugaz adiós, los británicos volvieron al escenario para ofrecer la traca final de los bises, dejando tres temas más que no consiguieron saciarnos del atracón de rock & roll de calidad que nos pegamos. No faltó el tema que abre su primer álbum “Hit By Hit” del 86, reivindicando el “I want everything, I want it know” y para cerrar, una de las versiones habituales de los británicos e inmortal himno ramoniano, “Blitzkrieg bop”. Y a casa con una buena sonrisa y la seguridad de que The Godfathers todavía tienen muchísimo que decir.