Los portugueses The Gift suelen girar por nuestro país a menudo. Sin embargo, esta gira ha venido precedida de un nuevo álbum, Altar, producido por uno de los artistas paradigma de la vanguardia como es el compositor Brian Eno con lo que el interés por ver como suenan estas nuevas canciones se ha disparado. El pasado viernes tuvimos la oportunidad de ver en directo al grupo portugués y de comprobar cómo estos nuevos ropajes creados por Brian Eno les sientan como anillo al dedo.

Abrieron la noche los franceses Last Train, animando al por el momento no muy numeroso público a acercarse a las primeras filas. Con un juego de luces que hacía maldecir a los fotógrafos, este grupo formado por imberbes chavales que no llegan a la treintena parecían por momentos salidos de los estertores del grunge por su entonación vocal. Sonando a ratos con guitarrazos a lo Black Rebel Motorcycle Club o de la escuela Queens Of The Stone Age, su directo ganaba enteros en los temas más cercanos al rock puro y menos al blues donde la conexión con el público decrecía.

Pasadas las once de la noche llegó el momento de The Gift. Con un escenario inmerso en la casi total oscuridad, las tres primeras canciones nos llevaron por parajes más cercanos al trip-hop con la única presencia de la personalísima voz de Sonia Tavares. “I loved to her ( Intro)” a modo de introducción, la muy Beach House “Vitral” y “Hymn to her” tirando de falseto dieron épica con trasfondo oscuro a estos primeros compases del show.

Sin embargo, la calidez que desprende la banda portuguesa no tardó en aparecer con el cambio de tercio producido por la estética colorista del escenario y la simpatía de Nuno Gonçalves, teclista y voz del grupo. En uno de sus diversos diálogos con el público llegó a bromear sobre la cuestión catalana con la posibilidad de tener que sacar un visado para tocar al día siguiente en Barcelona y sobre la poca importancia de actuar para menos gente que en otros shows de la gira (“no nos importa la gente que no ha venido, nos importa los que han venido”). Y es que la comunicación entre el artista y el público fue una constante durante todo el concierto llegando incluso a cantar el cumpleaños feliz a su teclista.

“Big Fish” abrió el lote de canciones con mayor presencia de la electrónica y las cajas de ritmos. El positivismo de “Music”, la emoción en los coros finales que apelan a la concordia de “Love Without Violins” y el sonido efervescente de “Clinic Hope” ofrecían los mejores momentos en el escenario del mercado de Santo Domingo de una banda ya metida de lleno en la senda del pop más inmediato muy cercano al dance por momentos.

Con la paradoja en el mismo título de ese tema de más de doce minutos que es “The Singles” y su estructura de rock sinfónico por tramos cantado a dos voces en su parte final nos fuimos acercando al final del concierto. En este tramo final brilló con luz propia “In Repeat”, un tema con ticks de rock de estadios, voces secuenciadas a lo Giorgio Moroder y un theremín de acompañamiento que puso el broche a un show que dejó un buen sabor de boca a la mayoría de asistentes.

The Gift ofrecieron sobre las tablas de Zentral las diferentes aristas de su sonido en esta nueva etapa; la intimista, la del pop de corte electrónico y la de rock de grandes públicos con resultados más que satisfactorios.