Tras el grandilocuente “The Soft Bulletin”, uno llegó a pensar que The Flaming Lips preparaban un concierto de auténtico rock sinfónico à la Pink Floyd o King Crimson. Sin embargo, lo que se encontraron los asistentes a la resurección y rebautizo de Zeleste, fue un set mucho más parecido al que traen The Beta Band: pantalla gigante, casi toda la música programada (el batería sólo aparecía en pantalla) y una actitud de estudio de grabación por parte de Drozd (teclados, guitarra) e Ivins (bajo, teclados). Wayne Coyne, enfundado en un chubasquero amarillo que no se quita ni para dormir, ejercía de maestro de ceremonias del show más desconcertante de los últimos tiempos. Mientras la pantalla (sincronizada, como “Zaireeka”) nos ofrecía momentos brillantes (los Teletubies, chicas haciendo aerobic o Coyne protagonizando “Waiting For A Superman”), el lider de los Lips se comportaba como si de un concierto de arena rock se tratase. Gong en mano y arengando a la concurrencia, Coyne llegó a obsequiarnos con globos y confeti para convertir “She Don´t Use Jelly” en una fiesta de cumpleaños. Después de todo esto, uno no sabía si le estaban tomando el pelo o si el bueno de Coyne es en realidad el performer que vimos ayer. Para terminar, un villancico y todos a dormir con la sensación de haber visto, por lo menos, algo muy distinto a todo lo demás.