Sergio Vinadé y Sebas Puente siempre han formado la columna vertebral de Tachenko. Una dupla compositiva indisoluble, alrededor de la cual han ido pasando excelentes músicos aragoneses que, en uno u otro momento, han completado la alineación del grupo. El dúo se ha permitido la licencia de publicar este año “Misterios de la Canción Ligera” (Limbo Starr, 17), un álbum en el compilan algunos de sus cortes de siempre pero regrabados en formato acústico. Mismo formato que vienen ofreciendo en su actual gira, y con la que paraban en Zamora por segunda vez en casi quince años de carrera.

El paso de ambos por La Cueva del Jazz en Vivo demostró que, en su caso, la capacidad para entender el pop clásico y delicado prevalece y destila elegancia desde los mismos mimbres. Los zaragozanos completaron poco más de una hora deliciosa, ante un público bastante más escaso del esperado (en torno a treinta espectadores) que degustó cada uno de los temas tejidos con mimo desde el escenario. Las canciones de Tachenko parecen frágiles e incluso, a primera vista y ocasionalmente, ingenuas. Y sin embargo éstas tienen la capacidad de generar emociones marcadas y diferenciadas, como sólo la mejor versión del género es capaz de hacer.

Eso sucedió con las traducciones desnudas de “El Tiempo en los Urales”, “No Hay Nieve en Saint Moritz”, “Hacia el Huracán”, “Mundo Apache”, “Vámonos” o, por supuesto, esa gema brillante que siempre será “Amable”, con los autores luciendo bonitos juegos de voces. Además tuvieron a bien recuperar “Lourdes” de los míticos El Niño Gusano (banda en la que militó de manera determinante el propio Vinadé durante los 90), con lo que se completaba ese regalo para elegidos derivado de una visita íntima y personal.