Los neoyorquinos Swans vuelven a estar de gira por el mundo. En esta ocasión, la razón que la sustenta es la inminente disolución de la formación que ha acompañado a su alma máter, Michael Gira, durante estos últimos siete años.

Tras un íntimo y emotivo directo de la estadounidense Baby Dee, que en esta ocasión abandonó su arpa para regalarnos una batería de temas instrumentados a base de acordeón y guitarra acústica, Swans salió al escenario a poco mas de la ocho y media de la tarde. El ahora sexteto comenzó su repertorio con un corte netamente experimental de más de tres cuartos de hora ideado específicamente para abrir los conciertos de esta reunión final. Gira lo ha bautizado como The Knot, y en él encontramos multitud de retazos sonoros pertenecientes al último paquete editorial conformado por My Father Will Guide Me Up A Rope To The Sky (2010), The Seer (2012), To be Kind (2014) y The Glowing Man (2016). En él podíamos descubrir infinidad de paisajes acústicos en continua fluctuación, todos ellos mutados constantemente por la batuta de Gira como si de la imagen de un caleidoscopio se tratase: Desde cuchilladas sonoras directas al hígado hasta atmósferas prácticamente intangibles. A Gira le apasiona esculpir el sonido, y a estas alturas nos lo ha dejado más que claro.

El repertorio continuó con Screen Shot, uno de los cortes más laureados de su penúltimo trabajo, To be Kind. Posiblemente, esta fuese la canción más definida de todo el repertorio de anoche, también una de las pocas que prendió fuego entre el público, haciendo tambalear por momentos el Teatro Barceló. Cabe destacar lo mucho que se echó en falta la presencia de Thor Harris en el escenario, el mítico componente decidió abandonar el grupo el año pasado por causa de una ineluctable incompatibilidad profesional. Harris se encargaba de aportar un refuerzo estético al conjunto cargado de fuerza y sobriedad que, como hemos podido comprobar, no ha sido sustituible.

Swans sonaron mucho más rudos y raspantes que de costumbre, ofreciéndonos algo parcialmente desurdido, muy cercano al ruido puro. Tras más de media hora de melodías desdibujadas y experimentación abierta, el conjunto atacó con Cloud Of Unknowing, otro corte extraído de ese monolito sonoro que es The Glowing Man y pulido especialmente para el directo. La presión y el ritmo empezó a ascender con The Man Who Refused To Be Unhappy, un nuevo tema camaleónico que hereda una buena dosis de genética rítmica, y que sirvió para granjearse a un público completamente entregado. El paroxismo se alcanzó con The Glowing Man, en el que Michael y el resto de la banda se mostraron implacables, fusionando el rock con una suerte de post punk incendiario e hipnótico que congenió al segundo con todos los allí presentes.

A estas alturas Swans han demostrado que lo que vende, funciona. Una fórmula perfecta especiada a base de cacofonía, disonancia, ritmo y experimentación que encandila por igual a todo tipo de generaciones, desde dinosaurios del siglo pasado hasta chavales de instituto. Una turba heterogénea y fiel a la que Gira y el resto del conjunto supo satisfacer como se merecía.