Dicen que Superchunk carecen de pretensiones. Dicen que llevan una década dándole vueltas a la misma canción. Dicen que su punk-pop es lineal y mimético en exceso… ¡Tonterías! Conozco pocos grupos capaces de liberar semejantes caudales de energía; de ser simpáticos y cercanos pero sin imposturas; de sonreír durante noventa minutos mientras repasan un cancionero implacable, modelado con esmero durante diez años; de traspasar la epidermis y calarte hasta los huesos de forma natural, inevitable. Como un contagio sin periodo de incubación, sudoroso y gratificante, cuyos agentes tóxicos atacan al sistema nervioso («Hyper Enough», «For Tension»), sobreexcitando nuestra actividad motora («Good Dreams», «Nu Bruises») y, por ende, nuestro corazón («Song For Marion Brown», «Hello Hawk»). Ni aspavientos, ni luminotecnias, ni forzadas performances. Sólo canciones superlativas cortesía de cuatro jovenzuelos dispuestos a perder algún que otro kilo en cada actuación. Como nosotros, que ya habíamos calentado durante la corta y vivificante ración de power-pop cortesía de los mallorquines The Nash, apoyados en la batería –sólo para esta gira- por Tonet (Sexy Sadie) y merecedores por méritos propios de una mayor suerte y presencia en escenarios y medios.