Sábado 15 de julio (Boadilla del Monte)
Lo bueno de David Kitt es que sus conciertos, una mezcla sencilla y honesta entre lo eléctrico y lo electrónico, nunca decepcionan. La voz del irlandés, tan característica como ese vaivén con la guitarra, derecha izquierda, izquierda derecha, sabe crear melodías de pop lo-fi perfectas. Final ruidoso e irónico a lo subidón post-rock. Dirty Pretty Things inauguraron la Terminal 0 del sábado con el bueno y el feo de los Libertines en sus filas, Carl Barat y Gary Powell respectivamente, e hicieron exactamente lo que se esperaba de ellos. Sin sorpresas, sin genialidades. Con corrección. Además, era divertido escuchar a la vez a los ingleses y a los Astrud en el escenario paralelo, Terminal E. Era como un cut’n’plus imposible y viciado. A ver si en próximas ediciones prima más la comodidad sonora de público y artistas (más de uno se quejó en las carpas). En fin. El caso es que Astrud llegaron, vieron y vencieron. Han dejado a un lado los sintetizadores y han abrazado definitivamente las guitarras. Qué letras, qué tacones, qué versiones. Adam Green hizo una divertida actuación regada de alcohol y muecas. Puro espectáculo. Para los artistas el alcohol es gratis, no como para los asistentes. Los suecos The Cardigans se erigieron en uno de los triunfadores del festival. “Eraser/Rewind” sonó contundente e infecciosa, mientras que canciones más naïf como “Lovefool” o “For What It´s Worth” nos trasladaron a ese sonido que les llevó a la cima del pop europeo a mediados de los noventa. Nina, atractiva y carismática, se metió al público en el bolsillo desde el primer minuto. La carpa circense de la Terminal S, llena hasta la bandera, se convirtió en una cueva de ideas y sensaciones durante la actuación de Sigur Rós. Creando una atmósfera impactante, con unos visuales maravillosos, los islandeses mostraron cómo su música es algo más que la suma de instrumentos al servicio de melodías asfixiantes: lo de estos chicos es directamente la construcción de un imposible estado de ánimo. Sobre una pirámide de neones de colores, ataviados a lo Astraco en Los Mundos de Yupi, el dúo francés Daft Punk ofrecieron una sesión de electrónica entre pasada de moda y entretenida. Eso sí, con “One More Time” bailaron hasta los tropecientos miembros de la benemérita que rodeaban el perímetro del festival. Tras el bombardeo que nos han dado este año grupos arty como Clap Your Hands Say Yeah, ahora llegan The Spinto Band. Dieron un concierto fresco en la carpa pequeña. Y puede que hasta molen más que los CYHSY. Veremos. Lo de Fatboy Slim no tiene nombre. Por lo bueno y lo malo de su sesión. ¿Se puede ser macarra y elegante a la vez? Sí, se puede: “Right Here/Right Now”. Las dos banderas de España en las pantallas del escenario con las que terminó su actuación crearon bastante desconcierto. Ya se sabe que en nuestro país el culto a la bandera no está del todo aceptado.

Sábado 15 de julio (Parc del Fórum)
La segunda jornada en el Parc del Fórum se presentaba con muchas más citas interesantes que en la noche anterior. Antes de que los pesos pesados de la programación fueran desfilando por cada uno de los cuatro escenarios, cabe destacar la segunda comparecencia en nuestro país de los californianos Two Gallants. El dúo se soltó ante un público escaso pero entregadísimo. Lo suyo fue una auténtica montaña rusa de emociones, capaces de ser melosos e irreverentes en un mismo tema. Los tramos de furia no tienen nada que envidiar a los The White Stripes de antes. Rufus Wainwright triunfó en la última velada del festival. Pese al cansancio que presentaba su rostro tras los viajes y el concierto de la noche anterior en Madrid, el autor del maravilloso “Want Two” demostró que sus dotes vocales permanecían imperturbables en temas como “Cigarrettes And Chocolate Milk”, “Vibrate”, “The Art Teacher” o la versión de “Hallelujah” de Leonard Cohen. Estuvo impecable con el piano y la guitarra y como sorpresa contó con la presencia de su hermana Lucy para acompañarle en alguna pieza. Mientras tanto Happy Mondays volvieron a ser una caricatura de lo que en su día fueron. Shaun Ryder, con gorro tapándole la cara hasta los ojos y portando una camiseta que en la que se leía claramente “Greatest” no consiguió lavar del todo la imagen desastrosa que dejó en su última visita al Razzmatazz. Sonrojantes fueron sus silbidos quinquis en la intro de “Hallelujah”. Brakes presentaron un set mucho más punk de lo esperado, lo cual fue mejor para todos. Al mismo tiempo New Order salieron al escenario, apenas un año después de su bochornosa actuación del Primavera. No se puede decir que este nuevo concierto fuera para tirar cohetes, pero fue mejor que el de entonces -aunque era tan fácil mejorarlo-. En todo caso, está claro que el binomio Summer-Hook cada día tiene más fans, y no precisamente por sus rendimientos musicales, que cada día son más inofensivos, sino por sus chocarrerías sobre el escenario –¿para cuando un “testimonio” de ellos en “La Hora Chanante”?- Acabaron con “Love Will Tear Us Apart”, aunque por petición del público volvieron con un bis que combinó “The Perfect Kiss” con “Blue Monday”. Por el camino cayeron “Bizarre Love Triangle”,”True Faith”,”Transmission” de Joy Division y, como sorpresa, la redescubierta en directo de “Your Silent Face”. Luego llegó el momento de Primal Scream, una vez más dentro de un contexto de festival –¿alguien recuerda cuando fue la última vez que vinieron en una gira propia?-. Aterrizaron en Barcelona pero que muy tocados del concierto de la noche anterior. Prácticamente venían de reenganche tras una noche y un día cargados de alborotos en el hotel y el avión. Pese a ello, fueron quienes ofrecieron un mejor recital. Sin duda los británicos son uno de los mayores exponentes del rock llevado hasta sus últimas consecuencias. Gillespie, presentando magulladuras en el rostro y con la mirada perdida durante gran parte del show, consiguió inyectar ese componente apocalíptico en el espectáculo que les ha hecho ser tan grandes. Presentaron un set más rockero para poder arropar los temas de su último disco, “Riot City Blues”. Keane consiguieron sacar el mejor sonido de toda la noche. Congregaron a un gran número de fans, y aunque la mayor parte de temas de su último disco debería devolverlos a la segunda división, los de su debut mantuvieron la pegada. Razorlight, quienes han llegado a encabezar las listas de ventas del Reino Unido, se encontraron aquí con apenas unos centenares de curiosos frente al escenario.