¡Cuánto tiempo perdido! ¡Y cuanta saliva y papel malgastados!. Bernard Butler se largó, pero Suede siguen siendo infalibles sobre un escenario. El triste e improductivo empeño en reeditar momentos que nunca volverán me habían llevado a desconfiar del inabarcable carisma de un Brett Anderson que, siempre, tras tres o cuatro temas de calentamiento, convence. El temor a que la beligerancia con su ex-guitarrista arruinara las necesarias visitas al pasado se conjuró gracias a «So Young», «Animal Nitrate», «The Wild Ones» y «Animal Lover». Y aunque todavía podían haber exprimido un poco más sus dos primeros discos, «Everything Will Flow», «Saturday Night» y «Down» fueron suficientes para mantener una sonrisa en el rostro de un servidor, que se marchó de una sala atestada de gente consciente de que la magia nunca es perdurable, pero sí el oficio con las melodías y el dominio de los recursos escénicos. El gran error hubiera sido mantener la cara de póquer con la que entré en el recinto y negarme a disfrutar de uno de los grupos que más compañía me han hecho en los últimos años.