Haley Fohr, quien con su proyecto como Circuit Des Yeux está ejerciendo como artista invitada en toda la gira peninsular de Bill Callahan, inauguró la velada con propuesta de difícil clasificación, concretada en una actuación en la que, acompañada únicamente de guitarra, no faltaron altas dosis de distorsión, loops y experimentación. A lo largo de los temas incluidos en su disco “Overdue” (Ba Da Bing!, 13), la vocalista presenta influencias de Patti Smith, Yoko Ono, Nico y Kim Gordon, que traslada con total crudeza al escenario. Fhor generó cierta polémica por su difícil asimilación, pero también dejó a su paso una manifestación de indudable interés.

Por su parte, la conjunción de elementos resultaba idónea para la presentación del propio Callahan, con las canciones de su último y brillante álbum, “Dream River” (Drag City, 13), listas para brillar en un inicio de gira española ubicado en un pequeño y viejo teatro dotado con encantador aire decadente y gran acústica. En tales circunstancias, el complicado artista demostró encontrarse tremendamente cómodo sobre las tablas, incluso feliz, rodeado de una excepcional banda completa en con la que evidencia su satisfacción y en la que confía para completar los matices que requiere su música.

No por conocida, la desbordante capacidad del músico para estremecer, inquietar y emocionar sobre el escenario deja de asombrar a cada nueva visita. Con todo de cara, el ex Smog ofertó una nueva posibilidad de compartir un universo, el suyo propio, único, complejo y fascinante, en el que las emociones se suceden en número y variedad arrastrando tras de sí a un oyente maravillado en su propia confusión. Un mundo de sensaciones contrapuestas, a veces asfixiantes, con frecuencia emotivas y siempre fascinantes, protagonizado por una personalidad creativa tan elegante como desgarradora.

A lo largo de casi dos horas interrumpidas y ante un aforo completo, la profunda interpretación vocal del norteamericano se completó con la no menos impecable ejecución del cuarteto y minimalistas proyecciones acentuando cualidades. Un desarrollo con mayoritaria presencia de composiciones recientes como “Javelin Unlanding”, “Spring”, “Ride My Arrow”, “Seagull” y “Small Plane”, además de los muy celebrados añadidos clásicos del tipo de “America!” o “Too Many Birds”.

Callahan se ha convertido discreta y progresivamente en artista de culto en vida, capaz de firmar conciertos sobresalientes, arduos y afables en la misma medida, y siempre de marcada profundidad. Sus fechas son, a día de hoy, cita inexcusable para oídos inquietos que quieran compartir espacio con ese creador de un carácter tan particular que, sencillamente, acongoja.