Estilo: white noise, white dance Promotor: La Iguana La nueva cita en Madrid en poco más de unaño con el paradigma del sonido plano, se esperaba con ansia. Loscomentarios se cruzaban con más ganas que razones: “ahora sededican al dance”, o “han cambiado a la Velvet por el drum´n´bass”.¿Estará el público cambiando a Reed y Cale por RoniSize más rápido que Stereolab? Lo cierto es que, sobre unescenario decorado con esferas plateadas, sacadas de una películade ciencia ficción de los cincuenta, Stereolab, se presentaron hieráticosy tiesos, pero demoledores. Empezaron subiéndose a su caballo deun solo acorde, y a base de repetir su fórmula más básica,daba la sensación de que son los únicos blancos europeos conposibilidad de hacer música de baile blanca y europea, con todaslas influencias del Rock, y sin ninguna influencia mestiza al uso. El conciertoiba bien. Parecía que Laetitia estaba ensayando con toda facilidaden su dormitorio, hasta que la cosa se torció, la mezcla de sonidopoco acertada, y la ecualización infame de los micros, traicionólas armonías de voces, haciendo parecer a estos ingenieros de melodíasperfectas, unos imitadores de segunda de Cocteau Twins, hasta que volvierona buscar refugio en el ruido blanco. Aquí Stereolab, se mostraronhipnóticos, dando la espalda al público, y jugando con unailuminación, que construía una cuarta pared delante del escenario.Hacia el final, vinieron las pequeñas concesiones, retardando lostemas más clásicos, consiguiendo intensificarlos, y haciendoun exorcismo con “Metronomic Underground”, y “Cybele´s Reverie”,que desembocaron, ahora sí, en el siguiente campamento base de Stereolab,los ritmos de dance que, sin embargo, no se olvidan de Lou Reed ni de JohnCale, a pesar de que la mitad de los asistentes ya haya renunciado a supasado roquista y velvetiano. Stereolab dieron aquella noche la leccióndel dance Rock, por la que muchos de sus coetáneos en la isla venderíansu alma.