Ni la lluvia ni los recortes merman la fortaleza del SOS 4.8, referente del panorama festivalero español. Una imagen, los brazos en cruz de Jarvis Cocker ante 30.000 prosélitos, ya justifican el viaje a Murcia. Concierto exclusivo de Pulp en el mapa ibérico. El sueño ansiado durante catorce años por un par de generaciones cuya educación sentimental se cinceló a partir de “His’n Hers” y “Different Class”. Y parece que el tiempo no ha pasado por ellos. Jarvis conserva la silueta y la fiera escénica. La catarsis de un dandy que aguardaba en el barbecho de la introspección. Como quien eyacula tras una larga noche de seducciones y ardores. Pocas actuaciones adquieren la categoría de históricas. La de Pulp lo fue. Trabajando con material inflamable, claro. Brutal arranque con ‘Do you remember the first time?’, ‘Mis-Shapes’, ‘Razzmatazz’ hasta soltar el petardazo con ‘Disco 2000’. Cinismo, frivolidad, sarcasmo y una inexpugnable seguridad en sí mismo. Tan lúbrico, tan británico. Los ingleses volvieron su sello indeleble de glam-pop, donde conquistaron la cátedra hace un par de décadas. Gloriosa ebullición de hedonismo colectivo. En el éxtasis, Jarvis se crece y da rienda suelta a una melodramática teatralidad. Euforia y purpurina. Nadie de los presentes olvidará nunca ese ‘Common People’ crepuscular.

Así, con el plato fuerte servido el mismo viernes, el listón quedaba muy alto para Gossip. “¡Qué pasa!”, gritaba al público una Beth Ditto enfundada en una nada favorecedora túnica rollo góspel. Como siempre, Ditto estuvo grandiosa vocalmente, fue provocativa a ratos, divertida, y el público disfrutó de principio a fin. Nada puede salir mal cuando tienes una voz como la de ella, un instrumentista como Brace Paice y hits como “Listen Up”, “Standing in the way of control” (con “Smell like teen spirit” en medio, ouyeah!), “Heavy cross” o “Love long distance”. Pudimos escuchar, por cierto, algo de lo nuevo (“Perfect world”) que nos espera en su próximo disco, “A joyful noise”. Para cerrar la actuación, su particular homenaje a Whitney Houston a capella, con baño de masas incluido, saliendo del escenario con una gorra de marinera y un eterno “I’ll always love youuuuu”.
Antes, Nacho Vegas había repasado las canciones de “Cómo hacer crac”, tirando de un repertorio más eléctrico que de costumbre y rescatando del pasado, atención, la muy acertada ‘La noche más larga del año’. “Dicen que el Rey del Pop es Michael Jackson, pero el verdadero rey del pop está tocando ahí al lado y se llama Stephin Merritt”, advirtió el asturiano. Las sosegadas crónicas de la fatalidad emocional de Magnetic Fields dieron paso a unos mayúsculos Hidrogenesse, que pusieron banda sonora a los logros y desventuras del matemático Alan Turing en un recital temático, hasta apto como método didáctico en centros educativos. Más tirón popular tuvo Kiko Veneno, que se presentó con banda y pegando fuerte con ‘Dice la gente’ y el dylaniano ‘Memphis Blues’. Nos quedamos con la sensación de que aquello hubiera lucido más fuera del auditorio, en un espacio abierto, y sin parones tan eternos. Lo suyo abría el apetito para Grupo de Expertos Solynieve, herederos naturales de una manera de entender el rock en Andalucía. La banda de J y Manu Ferrón sonó impecable. Y da gusto saborear los riffs del menor de los Lapido y las briosas capas de Hammond de Raúl Bernal. Poca sorpresa en la selección de temas, diseñada para el protagonismo del líder de Los Planetas y con amplio desglose de “Alegato meridional”. Menciones incluidas a Enrique Morente y mensaje para los borbones en ‘La Reina de Inglaterra’.

Por su parte, The Kills arrasaron en el escenario principal. Fondo de leopardo, chupas de cuero, miradas asesinas. Flanqueados por cuatro percusionistas que parecían autómatas y proporcionaban al sonido una gravedad hipnotizadora, The Kills dejaron un poco de lado la oscuridad y cadencia rock-garage-blues-punk de muchos de sus temas para sonar bastante brillantes. Quizá era porque aún había luz. Con “Fuck the people” se fueron para su casa, dejándonos con un gran concierto, a pesar de la luz. Hay grupos a los que les pegan más los focos.

No obstante, este SOS se recordará por la solvencia de los grupos locales. Perro, ganadores del TalentoSOS consiguieron hacer encajar actitud y resonancia punkarra con melodías pop. El sonido no les acompañó durante los primeros compases del concierto, aunque lograron reponerse gracias a un repertorio repleto de singles en potencia: “Bicicleta”, “Popera”, “Naciones Unidas”, “Terrorista del zapping”… No hay caras B en Perro. Otro gran parto de la huerta murciana es Analogic. Es prácticamente imposible permanecer impasible ante el rock bailable de sus “Gliese 581C”, “Scream” o “Try to hide”. La contundencia y presencia sobre el escenario de este grupo de indie-rock puro, con algunos guiños a otras épocas y estilos, los ha hecho merecedores de buenas críticas y grandes premios. Y seguro que habrá más.

The Friendly Fires se marcaron un comienzo de concierto espectacular: “Love Sick” y “Jump into the pool”. Los británicos no traen nada nuevo a la viña (musical) del señor, pero cumplen su cometido: te hacen bailar a saco. Viendo los movimientos pélvicos y la agitación capilar de Ed Macfarlane, el cantante, es imposible no pensar en Nick Offer de !!!. Eso sí, Macfarlane es mucho más elegante vistiendo; será por lo del British style.

Si el viernes estuvo capitalizado por los gigantes foráneos, el sábado se resolvió con fuertes propuestas del indie nacional, que superaron en pegada a los de fuera. Y sí, ahí los reyes en poder de convocatoria fueron Love of Lesbian. Siguiendo la dinámica de toda la jornada anterior, en el espacio frente al Estrella de Levante no cabía ni un alfiler. Los catalanes estuvieron habladores y divertidos, y el público, entregado al cien por cien. Nos volvieron locos con su ya gran himno, “Club de fans de John Boy”. Santi Balmes le dedicó “Niña imantada” a su bisabuela, que cumplía 114 años y “entraba en la edad del pavo, nunca mejor dicho”. Se acordó de Lorca a unos días del primer aniversario del terremoto. Hicieron desgañitarse al público con “Donde solíamos gritar”, “Incendios de Nieve” o “Me amo”, para acabar cerrando magistralmente con una exultante “Algunas plantas”. Seguro que esa noche hubo nuevas inscripciones para el club de fans de John Boy.

Como los ganó Guille Milkyway, que apenas se bastó solo para recrear los ambientes luminosos y bailables de “La Polinesia Meridional”. La Casa Azul es una oda al sunshine-pop. Frenesí discotequero y eurovisivo. Vaya, el aditivo perfecto para un sábado de madrugada. Cien por cien chicle sabor a fresa tan dulce como elástico. Los cuerpos flotaban unos cuantos metros sobre la explanada del espacio Jägermeister. Cuerpos que también circulaban ingrávidos ante la puesta de largo, excesiva y muy previsible, de Flaming Lips. Lo de siempre. Derroche de luz, rituales, confeti, mesianismo rock, tardojipismo y bizarradas varias que terminan resultando infumables. “Vaya catetada”, decía una espectadora. Sensaciones de decepción, de frustración. Se esperaba otra cosa del tío que perpetuó maravillas como ‘Race for the prize’. Quizá, Wayne Coyne no termina de cerrar ese libro de mesilla de noche sobre nuevos ricos del pop.

Uno de los mejores conciertos del segundo escenario del festival fue, sin duda, el de El Columpio Asesino. Rezuman desasosiego, oscuridad, producen una sensación agradablemente incómoda, como si estuvieses haciendo algo que a tu madre no le gustaría. Un poco de punk con mucho rock y sintetizadores, agitado y bien mezclado. Normal que no cupiese un alma, normal que el público jaleara y coreara todas las canciones. La inquietante “Diamantes”, “Your mind is dead”, “Perlas”… Terminan bien arriba, con la bailable y algo popera “Toro”, del último disco, y “Vamos!”, que ya es casi más suya que de los Pixies. Su fórmula convence más que el pop trilladito de Delorentos. Los irlandeses cumplieron su función lúdica con un sonido tan inmaculado como carente de identidad.

En cambio, Mogwai estuvieron descomunales. De todos los conciertos del SOS 2012, este fue el único en el que el sonido era capaz de infiltrarse dentro de ti hasta el tuétano. Y es que cuando alguien logra hacer del ruido algo tan sublime, no puedes más que agradecerles haber nacido y dedicarte a sentirlo. Luces blancas, siluetas sombreadas, capas y capas de sonido a un volumen atronador. Mucho cayó de su último trabajo, “Hardcore will never die, but you will”, aunque, siendo sinceros, esperábamos con ansiedad los “clásicos” que terminaron regalándonos: “Mowgai fears Satan”, “Haunted by a freak” con su vocoder o “I’m Jim Morrison, I’m dead”.

Antes, Bigott montaba su particular festín –con puesta de sol y llovizna– en uno de los directos más divertidos y efectivos del festival. Le echaron una mano Paco Loco y Muni Camón. Bien amarrada la cuestión instrumental, el zaragozano se suelta por bailoteos y convulsiones. Un friki que parodia el pop mejorando el pop. Sus composiciones recientes están pensadas para estos saraos. Filosofía de bola reflectante en pildorazos como ‘Cannibal dinner’. Enorme ese ‘Dead mum walking’ con desarrollo pinkfloydiano.

A la vez, casi lleno para ver a los mallorquines Antònia Font, ese grupo que nos ha empujado a un diccionario online de català-castellà para que su pop divertido fabrique las imágenes correctas en nuestra cabeza. Y como uno de los fuertes de la banda son las letras, abren con “Me sobren paraules”. El público coreó todos sus temas desde el principio, con “Coses modernes” o “Isles Baleares”, con sonido isleño-caribeño y acento guiri. Al final, las que trajeron la locura al gallinero fueron más antiguas: “Robot”, “Coser i Cantar” y “Wa Yeah!”.

¿Hallazgos? Al margen de la veteranía señorial de Parade (sustituyendo a Maika Makovski), escuchando a Yuck te sientes como hace 20 años, y no me refiero a rejuvenecido, precisamente. Los londinenses nos traen nostalgia distorsionada de los 90, shoegazepop, languidez. Pavement, Dinosaur Jr. o Yo La tengo se escuchan en algunos puntos de su homólogo debut, pero no se ven tan claros en un directo que suena mucho menos cargado. Apenas dos frases y unos pocos acordes le bastan a los londinenses para hacer de “The wall” una de las favoritas del público, junto “Get away”. Superaron las expectativas con creces, mientras Klaus and Kinski gozaron de la entrega de la audiencia de casa. En vivo, siguen chocando con los desajustes de su cantante. Tibiezas que se suplen con la entrega de las partes y la calidad rotunda de las canciones. Sobre todo, esa enciclopedia del amor que supone “Herreros y fatigas”. De la indolencia indie de manual al aroma del bolero.

En otro lado, recuperando el espíritu más oscuro y reflexivo de ediciones anteriores del SOS, se situaba el doctor Matthew Herbert. Ataviado con bata blanca, y acompañado por tres compinches y un cocinero, el artesano inglés recreó el recorrido vital de un cerdo. Genial, agudo. Herbert saca una sinfonía de cualquier parte. Aquí, toda una composición llena de drama y cavilación. Delante, la elegancia tierna de Miqui Puig, secundado por el brillante elenco de la Original Jazz Orquestra del Taller de Músics de Barcelona. Un karaoke sibarita con canciones predilectas del pop español de los últimos 30 años. Por ahí asoman ‘El rey del glam’, ‘Cien gaviotas’ o ‘Segundo premio’. Curioso.
Así se evaporó un SOS superviviente y muy murciano. 64.000 personas lo disfrutaron durante dos días de felicidad. Ana S. Resalt y Eduardo Tébar