Jueves 16.
Como en cada edición, el baile de nombres de la primera jornada del festival de electrónica más arriesgado de nuestro territorio trajo sorpresas y decepciones, aunque quizás lo que marcó el día fueron las confirmaciones. La de Toro Y Moi, con una propuesta que ha ganado desde su debut discográfico, apuntando caminos más diversos y con mayor proyección. También debemos destacar a Nicolas Jaar, uno de los nombres del año por méritos propios, o Pai Mei, el nuevo proyecto de Griffi (Sólo Los Solo, Chacho Brodas), con cantante femenina al frente. Entre las decepciones, que tampoco lo fueron demasiado, citaremos a Little Dragon, que lucieron menos clase que en estudio, y un Tyondai Braxton demasiado bruto para lo que esperábamos. Si en disco le ha ganado la partida a Battles, queda claro que en directo son sus ex-compañeros quienes vencen.

Viernes 17.
La jornada del viernes empezó pronto para nosotros. Estuvimos allí desde primera hora  para enfrentarnos al ambient claustrofóbico del gerundense Neuron primero, y a la sesión de pop electrónico, chill wave y similares de nuestro jefe de redacción, Joan S. Luna, después. Costó un poco soltarse con Facto y Los Amigos del Norte, surgidos de la escisión de Marc Barrachina de Facto Delafé y las Flores Azules. Mucho jolgorio, pero más del recomendable para que nos tomemos su propuesta demasiado en serio. Excelente la respuesta del público a la sesión de Agoria, con aplausos incluso durante su transcurso, y sobre todo al directo rapero rockero de Atmosphere, que llevó al americano a entregarse desde el primer momento.
En el Hall, las cosas funcionaron muy bien desde el principio, con los barceloneses Stendhal Syndrome sonando densos y oscuros, aunque con unas proyecciones que quedaron algo deslucidas esta vez, y Astrud con la ayuda del Col.lectiu Brossa, para acabar con un Ghostpoet mucho más bruto que en estudio, e infinitamente más brillante que en su casi improvisado directo acústico para Radio 3 de la tarde anterior. En el Complex, las cosas fueron desde la eficacia densa de Holy Other a los decepcionantes y apocados lives de How To Dress Well y oOoOO. De todos modos, los mejores directos de la jornada de día fueron –nuevamente- el de Four Tet, que consiguió un llenazo apabullante, aunque nos dejó sin ese gran tema que es “Sing”, y el de Discodeine, que sí dejaron para el recuerdo un “Synchronize” que se mantiene ya entre los momentos más bailables del festival, en su versión diurna.

Mucho más ritmo hubo durante los conciertos y sets de la noche del viernes. Entre los más brutos: Skuba; obviamente Aphex Twin; los electro-raperos sudafricanos Die Antwoord, que sorprendieron con una energía tan directa que nos hizo olvidar el dudable gusto de algunos de sus temas; o el holandés de color Munchi, que se agarró a la electrónica underground latina, al kuduro y al electro-ragga para hacernos pasar un rato realmente divertido. El aperitivo ideal para una M.I.A. que no lució tanto como en su aún reciente gira por nuestro país, en la que se mostró más salvaje y también más militante. En todo caso, por encima de la media. Igual que unos The Human League y Cut Copy que, enfrentándose de formas distintas los ochenta (unos los representan, los otros los recuperan), ofrecieron conciertos francamente válidos y honestos. Cut Copy han madurado mucho desde la gira de su segundo álbum, gracias a lo que su directo ha ganado enteros, equilibrando perfectamente su faceta más electrónica con la más pop. Y poco que añadir sobre el concierto de The Human League, batería de hits, un estado de forma que hace justicia a su leyenda y excelente respuesta por parte del público. Por otro lado, la mayor decepción de la noche la protagonizó una Katy B anodina, cuyo registro vocal y actitud nos hizo pensar en decenas de programas televisivos, al tiempo que nos hacía olvidar su colaboración con Magnetic Man y algún que otro tema de su recién estrenado disco. La anécdota, ver cómo la mesa de Dizzee Rascal caía por los suelos. Pero ya decimos, solamente fue eso una anécdota de la que su directo no se resintió lo más mínimo.

Sábado 18.
Con el calor haciendo de las suyas llegamos al último día del festival. Y qué mejor forma de afrontar la cuenta atrás que con ese Rey Midas de la BBC Radio 1, Gilles Peterson, rompiendo los arquetipos del baile y dándonos buenas muestras de que en su casa la salsa, el house y los ritmos negroides (de antaño y ahora) continúan teniendo la misma efectividad en el barómetro de la pista de baile. Tras él, llegó el momento de conciliarnos con uno de los maestros del ambient, Global Communication. Los ingleses venían a Barcelona para recordarnos la validez de esa piedra capital del género llamada “76:14”, y lo hicieron acompañados de exquisitas proyecciones en las que el cine de serie B cobraba el mismo protagonismo a la hora de ponernos los pelos como escarpias que sus tejidos sonoros. Illum Sphere, quien gracias a sus remixes se ha ganado la admiración de la generación post-dubstep, se regocijó en una sesión que le hizo despuntar, pero la aguja del reloj corría y nadie podía quedarse fuera de ver a esa Apparat Band con la que Sascha Ring retoma los instrumentos analógicos. El alemán (aparte de recuperar temas como “Arcadia” o su matrimonio junto a Modeselektor) presentó parte de ese álbum que pasado el verano verá la luz vía Mute en el que, creyéndose Thom Yorke, ha decidido dar su parecer del rock ensoñador. Súmen a eso los directos los atractivos conciertos de los africanos Shangaan Electro y de Hype Williams, uno de los más destacados y sólidos de la jornada.
Pasemos a la noche, sin duda exitosa en lo artístico. Porque la lista de actuaciones destacables es amplia, y para todos los públicos. Chris Cunningham recuperó el monstruoso y ruidista espectáculo presentado un par de años atrás en otro festival español, pero con mayor energía y tanta crudeza como entonces. Uno de los momentos más espectaculares y menos bailables de esta edición. Todo lo contrario que la actuación de Janelle Monáe, una auténtica musa para la nueva música de color, capaz tanto de emular a James Brown como de bordar el “I Want You Back” de The Jackson 5, siempre respaldada por una banda de hasta doce músicos (incluido cuarteto de cuerda) de indudable nivel. La confirmación de que su concierto hace unos meses en Apolo no fue un espejismo. Pese a tener como contrincante a Monáe, la francesa Yelle funcionó como de costumbre, y es que con un repertorio como el suyo tampoco debe preocuparse demasiado. Angel Molina subrayó su importancia vital en nuestra escena, protagonizando una sesión rítmica y eficaz que sirvió de perfecta introducción para la actuación de Underworld, quienes volvieron –obviamente- a triunfar. Lo suyo sí continúa siendo electrónica para las masas cargada de hits, algo que –aunque se empeñen- tienen difícil conseguir Magnetic Man en España, es decir, el supergrupo formado por Skream, Benga y Artwork. Su dubstep comercial sonó muy robusto, relativamente certero, pero ni el repertorio, ni el omnipresente MC ragga, se lo pusieron fácil a quienes querían vibrar con su show.
Pero hubo mucho más. No podemos dejar pasar la ocasión de destacar las actuaciones de Africa Hitech, de Buraka Som Sistema (tan rítmicos y sucios como en su anterior participación en el festival), de
sobre todo de Shackleton, que dio aires distintos a su asfixiante propuesta, restando bases y añadiendo más ambientes; y de los madrileños The Zombie Kids, más que nada porque nos hicieron olvidar el regusto amargo de su destartalada y reciente sesión en un festival murciano.
Texto: Joan S. Luna y Enrique Gijón