Nostalgia, hypes, triunfadores, bluffs, buen talento local, una silla que se monta sola, una pandilla de amigos que baila alzando una paletilla de jamón… Así se podría sintetizar, como de tantas otras maneras, lo que ha sido un Sónar de récord. El festival ha congregado a 84.000 personas en su edición de Barcelona (10.000 más que el año pasado) y a 14.000 en la de Galicia, donde se celebraba por primera vez con motivo del Año Xacobeo. La jornada del jueves estuvo marcada por los pequeños descubrimientos aunque fue un continuo calentamiento hasta última hora, cuando pudimos disfrutar de platos fuertes como Caribou o Elektro Guzzi. La mañana fue dominio para los jóvenes talentos nacionales, a destacar el set del burgaleño Homeless Inc, que desplegó su intensa y vibrante visión del dubstep, el wonky y la bass music con la que atrajo la atención de un público mayoritariamente extranjero. Síganle los pasos, rebosa talento. Sin movernos del Sónar Dôme, la carpa que desde el año pasado programa la Red Bull Music Academy, pudimos ver actuaciones con acento mexicano. Primero la de la rockera Teri Gender Bender, con sus maneras a lo Pj Harvey y la garantía de tener como padrino a Omar López de The Mars Volta. Show eléctrico el suyo. Los Amparito por su parte desplegaron su mantra electrónico que une los puntos entre Animal Collective y el folklore mexicano. Los que ya querían fiesta la encontraron en el Village, primero con el set del emblemático Pete Tong, que jugó como en casa y más tarde con los Round Table Knights, con sus mash-ups disco hedonistas y bailables. Tras estos en el Complex aparecían Cluster, auténticas leyendas de la experimentación y el kraut, regalaron una de las mejores actuaciones de la jornada, por su trascendencia y valor. Luego salió a escena una banda que promete ser algo grande, si no lo es ya: Elektro Guzzi. Me juego aquí lo que quieran a que el año que viene repiten y en un escenario mayor. Fue el suyo un concierto épico, la reinvención del techno que practican con los instrumentos clásicos del rock (bajo, guitarra y batería) funciona tanto en pista como en casa (caten su homónimo álbum de debut en Macro). Sonaron terriblemente bien, la gente extasió, y se ganaron con derecho propio el ser los triunfadores de la jornada. No puede decirse lo mismo de Dan Snaith. Aunque Caribou petaron la carpa del Dôme, el concierto sonó como una pelota. Robot Koch cerró la jornada con una laptop-session (imperantes en el festival) que tocó los palos que le molan: hip hop, dubstep y bajos gigantes.
El viernes de día destacaron dos propuestas de aquí que han dado (y están dando) mucho que hablar y van juntas de la mano en la senda de la experimentación que busca la emoción. Los directos de The Sound Of Lucrecia y bRUNA, que preparó un set especial con visuales que será difícil de presenciar de nuevo dada la reticencia del artista a dar conciertos, captaron la atención del público nacional. Qué sigan creciendo. Buenos sets ofrecieron también Annie Hall en el Village y BFlecha en el Dóme, dos de las mujeres con más proyección en la electrónica patria. En el Village la cosa fue sobre disco, pop y funk. Primero con los resultones pero no epatantes Shake Aletti, luego con unos New Young Pony Club, que no son tan brillantes como pintan… y no fue porque luego salieran Delorean y regalasen una vibrante actuación con cierre junto a John Talabot interpretando “Sunshine” como ya hicieran en el Primavera Sound. La noche del viernes fue una locura, llenazo absoluto en el recinto de la Fira y grandes nombres. A primera hora Air y Hot Chip se repartieron la audiencia, con desiguales resultados. Por su parte, a la misma hora que LCD Soundsystem, que reventaron el Pub con los himnos que han marcado la década que dejamos atrás, Magda se marcaba una sesión dulcísima de deep techno y minimal house que encendió la mecha a lo que vino después. James Murphy y los suyos ofrecieron un concierto tanto o más rockero de lo que nos tienen acostumbrados y se despidieron (poco antes de que les obligasen a dar por concluido su concierto) con un “Yeah” de antología que hizo justicia a su relevancia.
La de Plastikman fue por decreto una de las actuaciones del festival, un live epidérmico, inteligente y a la postre bailable que borró de un plumazo los fantasmas que perseguían a Richie desde el año pasado con su justita actuación. Luego vino Dixon a impartir una de sus clases maestras, a este hombre lo tendrían que haber puesto a cerrar y a partir de las cuatro de la mañana. Al capo de Innervisions no le tose nadie en materia de deep house y lo demostró con una sesión impecable. Excelente selección e inteligente lectura de lo que necesitaba la audiencia en ese momento. Nos dejó flotando. Tras él Booka Shade facturaron uno de sus clásicos lives, siempre disfrutables y muy festivaleros, entran bien a cualquier hora. John Talabot, que para el que no lo supiera todavía pudo descubrir que es Oriol Riverola (D.A.R.Y.L., Hivern Discos, The Requesters…), se desenvolvió muy bien, dejando claro que sabe cómo pertrechar sesiones personales y coherentes. No se puede decir lo mismo de 2Many Dj’s que se pusieron demasiado gambiteros. En el Lab hubo tres triunfadores, Flying Lotus, que despacho un live oscuro, caótico y genuino, como su último álbum; The Sugarhill Gang, que regalaron un concierto simpático, y la joven Cora Novoa, que crece a pasos agigantados con su techno melódico y bailable. Hay buena cantera.
El sábado comenzó de nuevo con un abanico de nombres nacionales a destacar. Wooky, quién ha facturado un EP delicioso de IDM inteligente y trabajada abrió en el Village. Le siguió David M, probablemente uno de los mejores Dj’s nacionales del momento. Escuchen sus faraónicas mixtapes y juzguen. Lo toca todo y bien. Jimi Tenor y los Kabu Kabu no regalaron un concierto tan impecable como pudimos presenciar en otro festival el pasado año, pero demostraron ser un proyecto sólido y sumamente atractivo en tiempos de sequía afro-beat. Tanto como Bomba Estéreo, otra gran sorpresa, que pusieron patas arriba el recinto con su mezcolanza de cumbia, reggae, champeta y house-rock. Seguro que los vamos a ver más por aquí a tenor de su calurosa acogida. A quién no apetece ver ni en un flyer es a Uffie, que demostró lo que sospechábamos, que tiene un directo muy soso y pobretón, ella es muy justita en escena, y defender tamaño pestiño como “Sex, Dreams And Denim Jeans” sin recibir pitidos (los hubieron) es misión imposible. La chicha estuvo en el Dôme desde las tres de la tarde, con el directo de AD Bourke y su glitch-soul que sirvió de aperitivo a una de las apariciones más esperadas, la de la leyenda del house Moodymann, que ofreció una de sus impredecibles sesiones ataviado con una toalla en la cabeza. Fue del soul al house, trepando por todas las ramas, incluso cayendo en la del rock pinchando a The White Stripes y The Clash. Genio. Siguió el live de Space Dimension Controller, niño revelación del techno con sabor al viejo Detroit, que aunque se le vio nervioso en escena, dejó buen sabor de boca. Éste va a subir en picado en las próximas temporadas. El que también merece hacerlo es Axel Boman. El Dj protegido de Dj Koze, se marcó una sesión festivalera de deep house (del nuevo y del viejo) que puso a tono la pista. Solo le falta lanzar un hit que le encumbre en Resident Advisor para desplegar las alas y recorrerse medio mundo con su maleta a cuestas, el tío lo vale. Cerraron la jornada dos de los grandes exponentes de la RBMA de este año, el canadiense Lunice y el inglés Jackmaster, capo de Numbers y Dj de altura. La noche del sábado fue menos festiva pero más disfrutable gracias a los conciertos de Roxy Music y Jónsi. Los primeros no justificaron su retorno y acabaron dejando el triunfo de aquella hora al vocalista de Sigur Rós. Acompañado por un batería de órdago y diversos músicos, el islandés supo excitar al público en momentos puntuales y presentó un imaginativo show en el que las proyecciones y el escenario compartieron protagonismo con sus canciones. También presenciamos uno de los directos, el de Fuck Buttons, más intensos y que mejor definen el espíritu del festival. Ruido, baile y experimentación mientras que a escasos metros Dizzie Rascal se pegaba un festival en toda regla. Aunque muchos reivindican al primer Rascal, aquí nos quedamos con su faceta hedonista, housera y deudora del mejor Armand Van Helden (en los minutos finales cayeron sus nuevos hits “Dance Wiv Me” y el arrollador “Bonkers”, en una orgía de ritmo que le birló público a Fuck Buttons). Aunque después del subidón del británico todo se vino abajo con la chapa que pegó Matthew Herbert’s One Club, probablemente no era el marco ideal para presenciar esta propuesta, porque el amigo aburrió a la audiencia sobremanera y costaba encontrarle enjundia a la cosa. El papelón del festival lo cumplieron 2020Soundsystem, el proyecto de house orgánico e interpretado en vivo de Ralph Lawson, que les tocó actuar a la misma hora que The Chemical Brothers. Ofrecieron un show muy digno y festivalero. Empezaron ante ¿100 personas? pero acabaron con medio Sónar Pub pegando botes. Tras ellos apareció Nacho Marco ofreciendo su vertiente house más techie y supo meterse a la audiencia, ávida de bombo, con un set muy correcto. El cierre lo hecho Dj Hell, tirando de experiencia, mientras que en el Sónar Club los enigmáticos Sandwell District ofrecían profundidad techno y en el Lab Del Palo Soundsystem: Griffi + DJ2D2, sembraban el flow. El año que viene más.