Sin duda se trataba de una de esas noches en las que se le podía colgar el cartel de “histórica”; y es que The Stone Roses ofrecían su primer concierto oficial en prácticamente 16 años. No es para menos puesto que los de Manchester son banda seminal del pop británico, y una influencia insalvable para todas las formaciones surgidas en aquel país durante los últimos veinteñ años. Para colmo regresaban con la formación original, un hecho del todo inaudito en directo desde el lejano ya 1990. Y sí, ha llovido mucho desde entonces.

El regreso de The Stone Roses se ha producido bajo el paraguas del FIB, suponiendo la presentación de la edición de este año. Y siguiendo con la tónica de los últimos tiempos del evento ubicado en Benicássim, la inmensa mayoría de los allí congregados procedía del país de la ginebra. Ciertamente no era su primera comparecencia en directo ya que unos días antes habían regalado a sus fans un concierto sorpresa en Warrington, pero sí que era el primero oficial de la gira de reunión.
El cuarteto que integran Mani, Reni, John Squire e Ian Brown no hace mucho que entraron en el libro de los récords por haber sido la banda más veloz en vender las entradas para sus conciertos programados para este verano. La expectación en la sala Razzmatazz era la de las grandes ocasiones. El retraso de la hora de inicio no sirvió más que para aumentar el estado de ansiedad de un público colorista ataviado con el uniforme oficial del la era Madchester. Por fin se apagaron las luces y los cuatro salieron envueltos en una gran ovación. Empezaron, nada menos que con I “Wanna Be Adored”. La ecualización no acababa de estar afinada y los riffs de Squire se llevaron el protagonismo en estos primeros compases. Luego, vinieron clásicos de la primera época en forma de “Sally Cinnamon” y “Mersey Paradise”. El bueno de Ian Brown trataba de coger el tono pero no hubo manera -de hecho no lo consiguió en toda la velada. El público estaba encantado, tanto que no pareció importarle la falta de conjunción generalizada del grupo. Siguieron con “Ten Storey Love Song” de “The Second Coming” con la que aunaron en todos los tópicos del rock, incluyendo el momento guitar hero de Squire con su Gipson Les Paul acaparando todos los focos de luz. En “Where Angels Play” y “Shoot You Down” Brown tocó fondo a nivel de voz. Tuvieron que tirar de “Waterfall” para salir del atolladero. Pero la química entre ellos apenas surgió efecto. Para estas alturas de concierto Brown y Squire ni siquiera habían intercambiado una mirada entre ellos. Y llegó el momento cumbre de todo el set. Con “Fools Gold” consiguieron coger el tono. Fue un chispazo de unos 4 minutos que sirvió para demostrar lo grandes que fueron en un tiempo. El desarrollo final fue genial, con ecos a The Pretty Things o The Spencer Davis Group. Pero lo bueno duró poco. Con “Standing Here” volvieron a recaer en el tedio. En la recta final se les notó las pocas horas de ensayo, con parones entre los temas, reuniéndose para decidir el siguiente tema. Con “Love Spreads” volvieron a dar un nuevo fogonazo, pero la pose autista de Squire y sus riffs sobre-expuestos no ayudaron en la compactación de la propuesta. Al final “I am the Resurrection” con un Brown completamente consumido puso el broche final como único bis.

No podemos decir que el concierto estuviera a la altura de las circunstancias -aunque bien es cierto, que este grupo no se ha caracterizado nunca por ofrecer grandes conciertos en directo. The Stone Roses son una banda llena de contrastes, y en directo reflejaron lo que son en poco más de una hora y media. Hubo momentos de banda de pub de tercera división pero también hubo algún destello de banda consagrada.