La reelección, contra todo pronóstico, de David Cameron como primer ministro británico (con una abrumadora mayoría absoluta), hacía presagiar que Sleaford Mods, declarados enemigos de los tories y el UKIP, estaría todavía más cabreados que de costumbre. Pertenecientes a la clase obrera londinense y superando de largo los 40, Jason Williamson y Andrew Fearn están lo suficientemente curtidos como para no tomarse las miserias de su país demasiado a la tremenda. De hecho, lejos de cualquier indignación, su concierto de anoche en la madrileña Sala Sol fue una autentica fiesta.

La fórmula es simple, pero tremendamente efectiva. Fearn enchufa la caja de ritmos y proporciona estrepitosos beats (prestados del hip-hop, el UK Garage y la música industrial) sobre los que Williamson expulsa toda su bilis. Una tormenta de palabras rudas y malsonantes, pero tremendamente inteligentes y mordaces. La verborrea cockney del ex-mod no conoce límites. Sus dardos disparan en todas las direcciones, aunque sus blanco preferido es la estupidez; ya sea en la música, la política o en el modo de vida de sus compatriotas. James Williamson es un tipo con conciencia social atrapado en una sociedad que lo odia. Pero en vez de convertir su frustración en amarga impotencia, su particular y malhablada sinestesia resulta endiabladamente divertida.

Durante hora y media asistimos a un violento espectáculo de spoken word en el que Williamson se desgañitó con insultos y todo tipo de porquería procaz hasta acabar más sudado que Camacho en Corea del Sur. Andrew Fearn, por su parte, se limitaba a cabecear y a dar sorbos de cerveza. Y eventualmente a desalojar el escenario. Porque la gente se volvió literalmente loca. Con “Jolly Fucker” el pogo ya era imparable y algunos energumenos decidieron pasarse al stage diving hasta ganarse una reprimenda (“Recordad que habéis venido a verme a mi, así que un poco de calma. No son los putos años setenta”).

Lo cierto es que, les guste o no, Sleaford Mods son lo más punk que hemos visto en muchos años. Musicalmente le deben mucho a The Streets, The Fall o a John Cooper Clarke, pero su filosofía es casi más cercana a los grupos Oi!. No se me ocurre algo más nihilista que agradecer al público por gastarse el dinero (“Thank you for your fuckin’ money!”).

Lo que está claro es que son británicos hasta la medula. Aunque su magistral forma de canalizar la ira es plenamente identificable para todos aquellos que no encuentran sentido ni lugar en la sociedad. Sleaford Mods son una expresión universal de exasperación. Un espejo que refleja todos los aspectos negativos, propios y ajenos, de la alienante vida moderna. Pero los expone de una forma tan irreverente y mordaz que nos hicieron disfrutar como a enanos, poniendo la sala patas arriba. Vamos, una mierda de puta madre.