Normalmente cuando le cuentas a alguien qué hacen Sleaford Mods en directo te preguntan dónde está la gracia. Y claro, qué vas a decir: sobre el papel, el viernes había sobre el escenario un tío con una camiseta de Pikachu que se dedica a beber latas de cerveza (esta vez de unaconocidamarcacatalana), sacarse fotos con el móvil y pulsar el play al principio de cada canción y otro cagándose en todo delante de un micrófono. La gracia está en las letras, dirá alguno. Pues sí y no. Porque podría afirmar que la mayoría de los allí presentes entendía perfectamente el mensaje sin entender ni la mitad de las palabras que salían de la boca de Jason Williamson. Porque su acento y la verborrea percusiva no solo tienen su propio mensaje implícito, sino que pasan a ser un elemento musical de primer orden y se entrelazan con esas bases de post-punk destartalado de tal manera que podría estar inventándose palabras y funcionaría igualmente.

En cuanto al contenido de sus letras, la clave la cantaba Evaristo hace treinta años, aunque parece que todo el mundo lo haya descubierto con Owen Jones: “Ellos dicen: son gamberros / Sí, lo nuestro es política”. La gracia está en la reivindicación chandalera, en que no pretendan aleccionar, en que por muy ex-mods y leídos que sean no se hayan convertido en unos gilipollas con ínfulas. En que miren con asco tanto a políticos y capitalistas, como al paternalismo militante que ejerce cierta izquierda, como a las actitudes de mierda que reproducen los de su -nuestra- propia clase y ellos mismos. Más que reivindicar están poniéndonos nuestro retrato de Dorian Gray particular delante, destapando las miserias que escondemos pretendiendo ser otra persona. Williamson no hace prisioneros porque no hay miradas a un horizonte esperanzador en sus letras, solo dosis comprimidas de realidad pura y dura. Y él no sale mucho mejor parado que los demás.

Si el concierto se sostiene es porque, pese a lo uniforme que pueda parecer su repertorio, saben manejar la curva de intensidad del concierto y no andarse con tonterías: los hits y a correr. Eso, un buen sonido y el innegable carisma de Williamson, puramente británico, con ese orgullo de clase obrera y esa perspicacia de estar de vuelta de todo. Ingenioso como pocos sin pecar de intelectual e intenso sin convertirse en una parodia de sí mismo. Que vinieran con “Key Markets” (Harbinger Sound, 15) bajo el brazo sumaba enteros, siendo un disco donde se salían un poco del guión -véase “Tarantula Deadly Cargo” o una “In Quiet Streets” donde Williamson canta más que nunca- y del que temas como “Live Tonight”, “No One’s Bothered”, “Brown In A Six” o “Face to Faces” son cartuchos infalibles en directo, de lo mejor que ha escrito el dúo. No faltaron las ya clásicas “Jobseeker”, “Jolly Fucker” o “Tweet Tweet”, que siguen siendo las más coreadas y las que más amagos de pogo parecían encender. Con Sleaford Mods la única discusión que hay sobre la mesa es el agotamiento de fórmula. Y de momento yo tengo clara mi opinión al respecto.

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