Tras las jornada del jueves y el viernes en el Parc del Fórum, llegábamos al último de los días fuertes del Festival.
Quizás una de las mayores decepciones de la edición de este año fue Gonjasufi. La imaginativa propuesta que recogía “A Sufi And A Killer” (10) no sobrevoló su actuación ni por casualidad. Al frente de una banda digna de los peores tiempos del crossover funk metalero de los noventa, protagonizó una bajada a los infiernos para cualquier seguidor de sus piruetas junto a gente como Flying Lotus. De la mitad de actuación de Gang Gang Dance que pude ver no destacaría nada especial. Sus directos suelen parecerse, con días mejores y días peores, apuntando momentos que parecen improvisados aunque no lo sean, con puntas de inspiración, pero siempre a un punto de sonar a cosas a las que no deberían. Repasé también a vista de pájaro las actuaciones de los demasiado comedidos Darkstar, nombre básico para todos aquellos que siguen el sonido Hyperdub, y los catalanes The Suicide Of Western Culture, quienes dejaron entrever muchas posibilidades en su directo también como trío.
Muy bien funcionó el directo con banda de Matthew Dear, convertido en una suerte de Dave Gahan hipermetrosexual. Es posible que su repertorio no multiplicase excesivamente su eficacia con bajo, batería y guitarras (de esas se encargó él mismo), pero mantuvo su espíritu y le hizo ganar puntos como estrella del pop. Quienes tampoco defraudaron (nunca lo hacen, de hecho) fueron los alemanes Einstürzende Neubauten, aunque su actuación no despegó hasta los diez minutos de empezada. Otro ejemplo de que muchos nuevos artistas deberían aprender de la fuerza de sus mayores. Ahora bien, si hubo unos veteranos que despuntaron a lo largo de todo el festival fueron, sin lugar a dudas, Swans. Hubo mucha tensión y mucho nervio en una actuación que merece ser recordada como uno de los momentos más vibrantes de la edición de este año. Crudos, monolíticos, malcarados, con Michael Gira increpando e insultando al público, los estadounidenses sonaron un punto post-metaleros en relación a su pasado primitivamente industrial, pero subrayaron con letras salpicadas en sangre por qué son, para muchos, una leyenda. Coincidiendo prácticamente con Animal Collective, Odd Future tomaron el escenario Pitchfork –y cómo salieron: con un salto al público de los más brutos que servidor recuerde-. Al final, seis miembros sobre el escenario, laptop en lugar de Dj, y sobre todo mucha actitud. Sin convertirse tampoco en el momento del festival (ese lo protagonizó Sufjan Stevens), sí ofrecieron motivos suficientes para justificar todo el revuelo que han estado generando últimamente. Hubo momentos duros, muy duros, con las bases electrónicas manteniendo un pulso por el protagonismo con las voces que no resto fuerza al concierto, sino todo lo contrario. Y es que ya iba siendo hora de enfrentarse a un directo de rap que no fuese exactamente como todos los que solemos ver. Eso sí, como era de esperar, el escenario acabó invadido por más de un centenar de personas bastante menos cafres que los propios miembros de Odd Future. El tiempo dirá si ver juntos en escena a unos cuantos Odd Future Wolf Gang Kill Them All fue una oportunidad histórica que algunos se perdieron o solamente una anécdota. En todo caso, la parte de actuación que vi de Animal Collective no me hizo pensar que me hubiese equivocado al elegir. Holy Ghost!, en el escenario Ray Ban, se mostraron más pop aún que en su debut en larga duración, al tiempo que esbozaron las verdaderas claves de un sonido cada día menos DFA de lo que se supone. Joan S. Luna

Acercarse a las cuatro de la tarde hasta el Auditorio del Fórum, puede ser un bálsamo para el maltrecho cuerpo o una trampa mortal para mecerse en los brazos de morfeo. Afortunadamente Perfume Genius con su piano y un treclista adicional, nos deleitó con esas canciones que parecen esbozos de pinturas trazadas de contornos difusos a las que falta colorear. Un inicio pleno de delicadeza y buen gusto que contrastaba con el despegue más bien brutote de Za! y Cuzo+Damo Suzuki. Aunque si hubo una actuación temprana que, despertó en mi interior las ganas de seguir a partir de ahora los pasos de un artista, esa fue la de The Tallest Man On The Earth. Su interpretación de “King Of Spain” fue uno de los momentos más interesantes y celebrados de este Primavera Sound para un servidor. Folk-rock ahora acústico, ahora eléctrico, ahora con banda, ahora en solitario y con una voz de reminiscencias “Dylanianas” que llenaba por si sola el escenario más grande del festival. Una lástima que la euforia me bajará de golpe con la actuación de Yuck, banda de escaso interés que se dedica a fusilar a los grandes de indie-rock. De Pixies a Sonic Youth, pasando por Pavement o Dinosaur Jr, pero sin una pizca de personalidad propia que les haga reseñables. Todo lo contrario que Papas Fritas, quienes protagonizaron uno de los mejores retornos del festival con su indie pop desenfadado y fresco, recuperando canciones de su primer disco como “My Revolution” o “Guys Don’t Lie” y haciendo las delicicas tanto de sus seguidores como de los que les veían por primera vez. Otra de las actuaciones que podríamos calificar de decepcionante fue la de Phosphorescent. Tienen buenos discos y grandes canciones, pero si algo trasmitían desde el escenario ATP era desgana. Quizás el saber de antemano que su público estaba más preocupado por la hora de inicio de Fleet Foxes, no ayudaba en nada a que canciones como “Los Angeles” o “It’s Hard To Be Humble” sonaran con el músculo que merecen. Y bueno, lo de Fleet Foxes fue de chapar bocas. O al menos a un servidor se la cerraron de por vida. Su directo demostró con creces que no sólo son capaces de defender canciones tan memorables como “Ragged Wood” o “Sim Sala Bim”, sino que ganan cuerpo en directo, clavando esas harmonias vocales que les hacen tan únicos y especiales.
Tras el descanso obligado para ver en una pantalla gigante el ya mítico partido del Barça, me acerqué con una euforia totalmente desatada hasta el escenario San Miguel, en el que una desangelada actuación de PJ Harvey me devolvería a tierra de nuevo. Cuesta explicar que con un disco como “Let England Shake”, que sin duda copará los primeros puestos en las listas de lo mejor del año de medio mundo, la banda que la acompaña no sea capaz de capturar y desarrollar la magia de las canciones más que en breves fogonazos, que además quedaban lastrados por lo tenue del sonido y por los excesivos parones entre tema y tema. Una intensidad que sí alcanzaron Animal Collective en una de esas actuaciones que se escapan de la norma. Hacen lo que les da la gana y consiguen mantener tu atención pegada a la multitud de sonidos y ruiditos que pueden procesar. Lo extraño es que una banda tan esquizofrénica y friky pueda estar en boca de medio mundo y congregar a la multitud que o los ama o los desprecia, pues nunca hacen prisioneros y pocas veces otorgan concesiones. Don Disturbios

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