Los tiempos han cambiado para Future Islands. En apenas dos años han pasado de actuar para un par de cientos de personas a prácticamente llenar la sala grande del Razzmatazz, y resulta evidente que nunca hubiera sido posible de no ser por el giro de accesibilidad pop del que han hecho gala en “Singles”. Pero si esas adictivas canciones no se mantuviesen rotundas sobre el escenario es muy posible que, tras su paso por la pasada edición del festival Primavera Sound, esta gira no hubiese atraido a tanta gente. Y si algo tengo claro es que Future Islands es una banda con buen directo, impecable y sólida, que no necesita más elementos que los que sus miembros pueden manejar directamente. De hecho, todas las piezas encajan con tal fluidez que, ni en los momentos más desmadrados de Samuel T. Herring, el sonido del conjunto se resiente. Son ya muchos años juntos sobre los escenarios (desde aquellos lejanos Art Lord & The Self-Portraits), algo que resulta evidente desde el primer minuto.

El tandem rítmico al que dan forma Michael Lowry (batería de gira) y sobre todo el parsimonioso y al mismo tiempo imprescindible William Cashion (bajo) cimienta plenamente unas canciones que permiten que Gerrit Welmers dibuje sus melodías de sintetizadores y cree los clímax necesarios para que Herring enloquezca e interprete ese papel de hombre sensible y al mismo tiempo salvaje que tan bien desarrolla. Porque, no nos engañemos, la calidad de la propuesta de Future Islands es indudable, su eficacia interpretando un repertorio plagado de joyas como “Back In The Tall Grass”, “Spirit”, “Sun In The Morning”, “Seasons (Waiting On You)” o la final “Fall From Grace” no admite peros, pero es evidente –muy evidente- que Samuel T. Herring es la principal baza del cuarteto cuando se plantan frente a una audiencia. Su combinación de angel y demonio (pasa del lamento a los gritos hipohuracanados con suma facilidad), su transmutación de tipo sensible a primate desbocado, sus excesos y su excentricidad escénica le convierten en un vocalista inimitable y de personalidad absolutamente magnética sin que eso eclipse un repertorio precioso y, como les decía, de una calidad indiscutible.

Lo que vaya a ocurrir con ellos de cara al futuro dependerá, sin lugar a dudas y al margen de sospechas, de su próximo álbum, que deberá reafirmarles en su posición o devolverles al underground del que venían, pero aquí y ahora Future Islands han mostrado cualidades suficientes para justificar su subida en el escalafón en esto del pop independiente.