Unos establos que se convierten por un día en escenarios y coquetos puestos de venta, un simpático can se cruza justo delante de un grupo en pleno concierto, varios niños se dan un paseo en pony mientras otros se refrescan con una manguera bajo un sol de justicia, un tractor con remolque recoge la basura del recinto cuyo traqueteo se mezcla en perfecta armonía con la música en directo, familias enteras reponen fuerzas con una saludable dieta a base de empanadas, cerveza, perritos calientes, txakoli o “tuppers” traídos de casa… Bienvenidos al Rustyc Music Festival, evento que ha cumplido con creces todas las premisas que presentaron sus organizadores. Bueno, todas menos una: El olor a moñiga, cosa que agradecemos de verdad…

Rustyc-Fest-por-Iban-fernandez

Detrás de tal deliciosa idea, se encuentra la buena gente de Stereosonik, asociación que de un tiempo a esta parte lleva dando mucha vidilla a la escena musical getxotarra, ya sea organizando jornadas didácticas sobre gestión musical o montando conciertos de grupos locales. Pero lo de hace unos días en el Club Hípico La Galea quizás fuera su primera prueba de fuego: por un lado, organizar un festival de un tipo de música que no está de moda (bueno, en realidad, ni nunca lo ha estado, ni importa que no lo esté para sus fieles seguidores) trayendo a grupos de distintos rincones de Euskadi. Por otro lado, la logística y el escenario para tal evento, sin grandes infraestructuras ni medios, pero perfectamente suplido con ingenio, atención al más mínimo detalle (desde los carteles, hasta los fajos de paja que adornaban los escenarios) y un montón de currelo y ganas. En lo estrictamente musical, el desafío de la organización a los grupos fue tan exigente como auténtico: dos escenarios, uno provisto con un solo micro ambiente y el otro, a palo seco. Ni rastro de amplis, pantallas, micros, cables o mesas de mezclas. Sólo los grupos con sus instrumentos acústicos (algunos de ellos, descacharrantes) y sus desgañitadas voces enfrentándose al público durante unos 45 minutos. Arriesgada apuesta que dice mucho de la valentía tanto del que lanza el reto, como del que lo acepta. Con dos cojones, un palo y la bandera de Tafalla.

Dr.-Maha-Miracle-Tonic-por-katu-beltza

Y con estos alicientes, comenzó el desfile de grupos ante un público cuya asistencia superó todas las expectativas (provocando algunos problemas en el abastecimiento de pitanza y bebercio). Harto complicado quedarse con un concierto o un momento. Podríamos hablar del maravilloso contraste vocal de The Old Timey String Band (foto encabezado) y sus guiños al folk irlandés en su faceta más festiva y beoda (“Whiskey In The Jar” o “Drunken Sailor”), del homenaje a mitos como Hank Williams, Carl Perkins o Johnny Cash del combo formado para tal ocasión entre Bilbobillies y Blues Morning Singers, del derroche de casta y gamberrismo por parte de Moonshine Wagon, de las viejas recetas mágicas del Dr. Maha’s Miracle Tonic (foto superior) con su divertidísimo y cuidado repertorio, de las clases de tex-mex a cargo del grupo de baile Yee Haw, del descaro de unos jovenzuelos Mamagigi’s y sus inclinaciones por las gafas de sol, la birra y el palabro “fuck” o de la perfecta comunión entre músicos y público que consiguieron los donostiarras Howdy, armados con mandolinas, steel guitars o acordeones (¿o era una triki?), que se zambulleron entre el público en la parte final de su concierto metiéndose al respetable en el bolsillo, en una preciosa imagen que podría resumir muy bien la idiosincrasia de este singular festival. Sí, podríamos hablar de todo esto pero no sería justo, pues nos dejaríamos en el tintero a los Crazy Jazzers, Mud Candies (foto inferior), La West Bluegrass Band y la jam session final que, entonaba “Take Me Home, Country Roads” – pelos como escarpias – mientras el crepúsculo se materializaba.

Una entrañable jornada apta para toda la familia y asequible para todos los bolsillos, con una música que podrá ser todo lo rústica que se quiera… pero que, sobre todo, es y será atemporal. Es lo que tiene la autenticidad.

Mud-Candies-por-MIKEL-GARATE-