A pesar de las previsiones de lluvia fueron muchos los que decidieron pasar el día en el Club Hípico La Galea en Getxo, convertido en recinto festivalero de andar por casa por el Rustyc Fest. Para su tercera edición, la organización había conseguido habilitar una zona cubierta con los dos escenarios en los que se celebrarían la mayoría de los conciertos de este festival diurno dedicado a la música de raíces.

Con un ambiente muy familiar, los bilbaínos Crazy Jazzers daban la bienvenida a los más madrugadores a ritmo de jazz y ragtime callejero de New Orleans. La banda sonora perfecta para que algunos de los mucho niños que había se dieran una vuelta en pony por el recinto o intentaran no caer del toro mecánico. Bigman Pingerpicking & Almost Blind Charlie delataban con sus alias lo que vendrían a tocar: blues tradicional con versiones de Muddy Waters, Little Walter, Willie Dixon, Sonny Boy Williamson… con algún guiño al swing y al jazz. The Bilbobillies (foto encabezado) animaron un poco el aperitivo con su rock’n’roll clásico, como recién salido de Sun Records. El espíritu de Cash miraba desde la barra y el de Presley escuchaba desde la cola del puesto de hamburguesas y perritos, que ya empezaba a tener bastante movimiento.

Rustyc Fest Gonzalo Portugal por Josu Odriozola

Los jóvenes Biden Erromeria serían los siguientes en desplegar su triki-rock de jala antes de que Yee Haw, grupo de line dance venido desde Vitoria, pusiera a bailar a un gran número de espectadores. Aunque unos cuarenta minutos menos de punta-tacón-vuelta-punta-tacón hubiera sido más que suficiente. Momento ideal para acercarse al escenario de paja a disfrutar de Catfish Louis & Washboard Johnny, guitarra y percusiones al servicio del country-blues acústico más tradicional. Si su concierto acusó la precariedad del equipo de sonido de tan diminuto escenario, Gonzalo Portugal (foto superior), guitarra y cantante de Last Fair Deal, demostró por qué es un grande. Con un portento de voz y un dominio de la guitarra pocas veces visto entre tanta boñiga de caballo, su howling bottleneck blues supo a gloria tras el bajón musical sufrido en los escenarios centrales.

Rustyc Fest Old Timey String Band por Josu Odriozola

La Old Timey String Band (foto superior) mantuvo el nivel a la hora del café. Apretujados frente a un sólo micro encandilaron al público con su old-time folk y bluegrass con versión de Billie Jean de Michael Jackson incluida. Con más ganas que acierto Cloverwind trataron de acercarnos a la isla esmeralda con su traditional irish folk mientras el cielo se iba oscureciendo anunciando la que estaba por caer. Howdy ya estaban levantando revuelo con su ensayo entre bastidores y cuando tomaron el escenario los de Donosti demostraron por qué: folk, country y bluegrass ejecutado con gran maestría y reverencia por los clásicos. Tras ellos, el trío Deiedra nos trajeron de vuelta a las costas celtas europeas con su punk-folk acústico a lo rebel rouser de pub.

Ya en el ocaso, haciendo estampa tras el sol, a modo de paisaje peliculero, Ghost number & his tipsy gypsies (foto inferior) tomaron el escenario 1 literalmente. Rara avis en general, más en particular en Donostia, vindicando los sonidos de los discos de pizarra, la elegancia y unas canciones que resucitan a un muerto. Ragtime sin piano, esta es una de las grandes sorpresas de la música de raíces actual. Mamagigi´s, acto seguido en el escenario 2, están a la altura de sus predecesores, aunque más cercanos a desenfundar la pistola. La sección forajida del festival, otro de los grandes nombres del western musical de Euskadi, los bilbaínos van al galope, cada vez más sueltos y seguros de si mismos.

Ya con el sol escondido, se celebró el concierto del cuarteto de Barakaldo Lomoken Hoboken. Su boogie-blues-rock de tinte sureño fue el colofón perfecto para un festival que da un paso más hacia su consolidación pero que debería aprender de sus errores :colas en los tickets, que se agotaron, una mejor y mayor oferta gastronómica, el sonido, la concentración de los grupos más conocidos al final de la jornada… La respuesta del público ya la tienen, hay sitio para el Rustyc Fest en los corazones de los barbudos, cowboys, folkies, rockers y melómanos en general, y en los de sus hijos. Por muchos años.