Este pasado fin de semana se ha celebrado la tercera edición del Rock Fest Bcn en Can Zam, en Santa Colama de Gramanet; una tercera edición a la altura del que debe convertirse en uno de los festivales más importantes de metal de toda España tras su ampliación de dimensiones, carpas y facilidades para el público.

El festival empezó temprano el viernes 15 y, por desgracia, no pudimos ver ni a Orphaned Land ni a Grave Digger, dos propuestas de contrastada calidad que, a pesar del tremendo calor, nos cuentan, lo dieron todo y abrieron con dignidad, aplomo y canciones incontestables. Los portugueses Moonspell empezaron a mover a la masa de público que, bajo un intenso sol, disfrutó de su actuación. Siguen presentando su último disco de estudio, “Extinct”, del que, sin embargo, solo sonaron tres temas, dos de ellos a modo de arranque, para basarse en los grandes éxitos de sus primeros dos álbumes. Eso sí, se hizo bastante raro escuchar “Alma Mater” o “Vampiria” a un ritmo mucho más lento de lo habitual, más doomy… curioso, por lo menos. Como contraste, Dragonforce salieron al Stage Fest con toda la fuerza y velocidad posibles. Herman Li continua capitaneando con su guitarra y su estilo inconfundible a los británicos, aunque hay que reconocer que el vocalista Marc Hudson ha mejorado mucho desde sus primeros shows hace cuatro años. Así, temas clásicos como “Through the Fire and Flames” suenan igual de bien que siempre. Mención especial al teclista Vadim Pruzhanov, uno de los pocos que, subidos a una plataforma con su Keytar, saben cómo ponerse a todo el público en el bolsillo.

Tocaba el turno de Coroner, incunables del thrash metal menos previsible y uno de los grandes reclamos para muchos. Algunos corrieron o directamente se escaparon de sus oficinas diciendo que iban a hacer unas fotocopias para llegar en taxi justo a tiempo para verles. Banda de culto, en la sombra de sus compatriotas Celtic Frost pero también muy influyentes e impermeables a cuestionamientos vacíos, el cuarteto defendió su metal arisco y retorcido, poco amigo de concesiones y sumamente contundente. “We are coroner from Switzerland and we’ve come back!”, gritó su líder tras tocar “Divine Step”. Nos recordaron que la última vez que nos visitaron fue hace más de 20 años en un pequeño garaje -concretamente en Castelldefels-. “¿Quien estuvo allí?”. Se alzaron algunas manos mientras iban disparando minuciosos y sucesivos efectos de sonido, voces programadas y otros arreglos. Su setlist gustará más o menos, pero acabar con temas como “Masked Jackal” y “Grin (Nails Hurt)” es sencillamente incomparable.

Más contrastes con Tyketto y Heaven Shall Burn. Los hard rockeros de Nueva York nos dejaron pasmados: Danny Vaughn conserva su voz de una forma espectacular. Además, fueron a lo fácil, por así decirlo, y tocaron todo su primer disco, “Don’t Come Easy”, de 1991, ¡casi nada! En cambio, Heaven Shall Burn salieron aparentemente algo desubicados -su metalcore de penúltima generación arrancó de partida algunos abucheos y lanzamientos de  vasos de cerveza medio llenos-, pero conforme avanzaban los temas se ganaron al público mediante un directo demoledor y generoso en armonías de metal clásico. Tan solo el look del cantante pareció desentonar para algunos, aunque, empapados su engominado pelo y su camisa morada de litros de sudor, nadie puede negar que se dejó la piel -y algo más- en el escenario. Tras ellos tocaron Mago de Oz, quienes parece que gustaron a bastante gente; nos alegramos por ellos. Nosotros los escuchamos a lo lejos mientras intentábamos recobrar fuerzas.

Mille Petrozza es un clásico del thrash metal alemán y podría decirse –con el permiso de Destruction y Sodom- que ellos lo inventaron y lo popularizaron en Europa. Kreator ofrecieron un directo muy parecido al que vivimos en la primera edición del Rock Fest hace un par de años. Esto es: una bomba de thrash metal crudo y efectivo que hizo que las nucas de los metaleros presentes empezaran a desencajarse completamente por culpa de temas como “Terrible Certainty”, “Phobia” o un sublime mix de “Awakening of the Gods” y “Endless Pain”. Kreator nunca defraudan y su último tema, “Pleasure to Kill” fue la manera perfecta de finiquitar su set bajo una luz roja, todo el escenario lleno de humo y con Ventor dejándose el alma a la batería.

Michael Shencker

Michael Shencker

Continuamos con una leyenda viva del rock mundial, Michael Schenker, quien se subió al escenario acompañado por el vocalista Gary Barden y el resto de su banda para tocar temas de MSG para disfrute generalizado de la audiencia. En los 80, ver a MSG podía ser bueno o malo dependiendo de en qué condiciones estuviera Schenker, pero, por suerte, hoy en día es un placer y un lujo verle tocar en directo temas como “Rock My Night Away” con su Gibson Flying V. El final fue lo mejor, con “Cost to Coast”, de su periplo con Scorpions, “Rock Bottom” y “Doctor Doctor” de UFO, que ya nos puso el vello de punta sabiendo que Iron Maiden estarían allí al día siguiente. A Blind Guardian actualmente no los escuchamos demasiado, pero creemos que sus directos, para mucha gente de nuestra generación, son un ejercicio de nostalgia más que saludable. Hansi Kürsch y André Olbrich continúan liderando con aplomo la banda y solo con tocar “Valhalla”, “The Bard’s Song” o tres temas de su disco “Imaginations From the Other Side” ya nos tuvieron a todos, viejos y nuevos fans, comiendo de su mano.

King Diamond (en la foto superior) es caro de ver por estas tierras, ya que de su última actuación en Barcelona, concretamente en Razzmatazz 2, ya han pasado, como mínimo, 10 años. Él fue el verdadero cabeza de cartel de la noche y salió ya de madrugada en un escenario donde representaría “Abigail”, uno de sus discos más significativos. Todos los temas fueron escenificados de forma teatral, siguiendo las pautas que marca el “shock rock” más genuino, con un escenario espectacular con dos niveles y escaleras por las que subía y bajaba Miriam interpretando su papel. Los guitarristas Andy LaRocque y Mike Wead acompañaron a Diamond en todo momento y lo custodiaron en los desniveles. Musicalmente, su show sonó perfecto, más de uno alucinaba de poder ver esto en directo. Además, la manera de tocar de Andy es única y esa noche resultó espectacular. De regalo tocaron temas como “Welcome Home”, “Sleepless Nights”, “Halloween” o “Eye of the Witch”, pero lo mejor fue oir como se enfundaba la piel de Mercyful Fate para atacar una soberbia “Melissa” y una preciada “Come to the Sabbath”. Sin palabras, seguramente el mejor show de todo el festival con todo el respeto a nuestros queridos Iron Maiden, ¡por supuesto!

Estamos ya a la mitad, y quizás el día más flojo del conjunto del festival si no llega a ser por Maiden. La segunda jornada arrancó tras una buena resaca física con Armored Saint. El grupo de John Bush no había actuado nunca en Barcelona y no podíamos dejar escapar la ocasión. A pesar de esos 10 años de pausa de Armored Saint debido al paso de Bush por Anthrax, sus temas continúan siendo contundentes y rebosan metal clásico por los cuatro costados, ya sean canciones más nuevas como “La raza” o bien clásicos como ”March of the Saint”, de su primer disco. Además, John Bush conserva su voz a un altísimo nivel, tan alto que le da igual bajarse a las primeras filas y ponerse casi encima de la gente para cantar “Reign of Fire”. Tras semejante derroche de energía fue el momento de ver a Unisonic o, mejor dicho, a Kai Hansen y Michael Kiske, sobre el escenario. El concierto estuvo bien, seguro, pero no conectamos, ni con temas como “Star Rider” o “King for a Day” nos entretuvieron demasiado, y eso que la voz de Kiske también resiste con nota. Eso sí, el remember de “I Want Out” de Helloween sí que llegó a tocarnos la fibra.

En cambio, Overkill, quizás por nuestros gustos más thrasheros, consiguieron cumplir todas las expectativas desde el minuto uno. Bobby “Blitz” y D.D. Verni continúan torando de la banda concierto tras concierto, Bobby con sus posturas raras, su pantalón medio abierto y su hebilla brillando en primera línea de escenario, y D.D. paseando por detrás con el bajo. No tardaron en recuperar su primer disco de 1985 para interpretar “Rotten to the Core”, “Feel the Fire” y “Hammerhead”, momentos en los que su show se puso loco y afloraron los primeros moshpits del día en Can Zam. Continuaron con temas como “Ironbound”, el cual continua sonando tan bien como hace seis años. Como siempre, se reservan un gran “Fuck You” de Subhumans para saludar a todo el mundo y decir lo contentos que esta de tocar en España.

Tiempo para el grupo más importante de la historia del heavy metal español. Como no, Baron Rojo fueron los elegidos para tocar antes de la doncella. Con los hermanos Castro como “supervivientes” de la formación original tras esa fallida reunión de hace ya cuatro años, se defendieron bien en directo, aunque ya no es lo mismo escuchar esos temas como suenan hoy en día. Sinceramente, lo mejor de su concierto fue ver al público disfrutar y cantar esas canciones inmortales que tanto han marcado a tanta gente.

Iron Maiden

Iron Maiden

Pero los que nunca decepcionan llegaban a las nueve de la noche. Sonaba “Doctor Doctor” por segunda vez en el festival y esta vez sí que notamos que se acercaba algo especial. Bruce Dickinson, rodeado de pirámides mayas, invocaba en el caldero el tema “If Eternity Should Fall”, el tema con que Iron Maiden abrirían una de sus mejores noches en Barcelona de los últimos años, y lo suscribe uno que ya ronda los 40 conciertos de la doncella a sus espaldas. Hay que anotar que de la enfermedad que padeció Bruce el pasado año no se aprecia secuela alguna en su voz. Repiten setlist durante toda la gira, pero eso no importa, ya que, aunque uno de nosotros les viera pocos días antes en Madrid y este viernes en Milán, la sensación es la misma. La banda está coordinada a la perfección, Bruce salta desde la parte de atrás y se pone en frente del escenario en “Speed of Light”, su nuevo single. Chilla con fuerza su “Scream for me Barcelona!, Scream for me Catalonia!” para dar tiempo a la nostalgia y nos recuerda que muchos de los presentes no estaban vivos cuando “Children of the Damned” vio la luz en 1982. Sin palabras. Adrian Smith y Steve Harris lo dan todo encima del escenario, Dave Murray se enfrenta también a sus primeras filas y Janick, como siempre, mantiene su perfil más juguetón animando a la gente con sus poses a la guitarra. “The Book of Souls” es un doble disco casi perfecto, y nuestros temas favoritos del mismo, “The Red and the Black” y “Death or Glory”, sonaron de fábula con coreografía y gorro de mono incluido en esta última, quizás la más participativa del grupo en los últimos años. Como no, suena “The Trooper”, y quizás la más emotiva de la noche es “Powerslave”, un tema que no tocaban desde el 2008. “Hallowed Be Thy Name” suena estupenda, y nuevos cortes como “Tears of the Clown” o “Book of Souls”, con un Eddie gigante incluido y con Bruce arrancándole el corazón y lanzándolo al público, fue tan memorable como espectacular. El final de la película tuvo un clímax por capítulos con ese nuevo clásico que es “Fear of the Dark”, “Iron maiden” y, tras una breve pausa, “The Number of the Beast”, la sorprendente y unificadora “Blood Brothers”, y uno de los finales más emotivos imaginables con Adrian Smith tocando y coreando “Wasted Years”. Sin aliento.

Lo que viniera después parecía importar más bien poco, pero también debemos hablar de ello. Rata Blanca es un grupo raro de ver por aquí y nos dejaron sin palabras; literalmente alucinamos con la actuación de los argentinos: luz perfecta y sonido cristalino para la guitarra de Walter Giardino y la voz de Adrián Barilari. Presentaban su último trabajo, “Tormenta eléctrica”, pero el público esperaba sus temas más clásicos y coreó “Mujer amante” y “La leyenda del hada y el mago” hasta dejarse la voz.

Loudness lo hicieron muy bien, pero aún estuvieron más soberbios en su anterior visita al Rock Fest el año pasado. No sabemos si fue por la sorpresa de verlos por primera vez, podría ser. Celebraban su 35 aniversario con su actual gira, “Shocking Devil’s Land”, y en su paso por Barcelona cogieron temas clásicos y de su último disco para confeccionar un setlist diseñado para ganar nuevos adeptos, objetivo que alcanzaron, seguro, de sobras. Eso sí, nos quedamos con ganas de verlos en club. La noche se acabó con Doro en el Stage Fest. Estuvo más que correcta, pero por culpa de la poca luz que utilizan casi ni se la podía ver durante los primeros temas, tanto clásicos suyos en solitario como de Warlock se sucedieron uno tras otro sin demasiadas sorpresas: “Burning Witches”, “Fur Immer”, la poderosa “All We Are” y una participativa y festivalera versión de “We Are Metalheads”.

Candlemass

Candlemass

El tercer día empezaba muy temprano y sería el más completo a nivel musical y el más duro a nivel físico tras dos jornadas completas con un sol devastador. Eclipse es una de las mejores bandas suecas de rock melódico que hay; es una pena que fueran de los primeros en tocar porque por desgracia poco público pudo disfrutarlos. Lo mismo ocurrió con The Answer, y eso que en directo son un torbellino de fibrado y genuino rock’n’roll. En cambio, en Candlemass empezó a cambiar la cosa; todo fuera por ver en acción a uno de los mejores cantantes de la actualidad, Mats Levén. Ciertamente, se nota mucho la falta de Leif Edling en directo, que ha dejado las giras debido a una enfermedad, pero, por suerte, el resto de la banda y, sobre todo, la presencia en el escenario de Levén, hacen que el público disfrute con ese doom metal que casi inventaron los propios Candlemass –con permiso de Black Sabbath, claro-. Temas como “At the Gallows End”, “Crystall Ball” y un grandioso “Solitude”, con Levén sentado en el escenario y con la melena cubriéndole la cara, nos dejaron sin sentido. Pausa para mucha gente durante el show de Ciclonautas y a enfrentarse a Obituary, quienes nunca, repetimos, nunca fallan. El batería Donald Tardy y Terry Butler emergen con la intro de “Redneck Stomp” hasta que John Tardy y su enorme cabellera atacan “Centuries of Lies”, de su álbum “Inked in blood”. El cantante va ataviado con dos camisetas superpuestas, una de ellas de manga larga; parece que los de Tampa están acostumbrados a este calor. Eso sí, entre tema y tema hacen pequeñas pausas para tomar aire. El suyo es un setlist intenso y duro que acaba con “Chopped in a Half”, “Turned Inside Out” y “Slowly We Rot”. Épico.

Falsa calma para ver al guitarrista Impelliteri y, por supuesto, a Rob Rock, uno de los cantantes americanos más prolíficos y con mejor voz que uno puede ver hoy en dia. Sus fans, debido a la escasez de bolos de este hombre por nuestras tierras, lo pasaron a lo grande. Con Anthrax y su thrash metal conectamos desde un principio. Mentiríamos si negáramos cierta devoción por los neoyorquinos. Joey Belladona se mostró en un estado de forma envidiable, y es una pena que el batería Charlie Benante no les pueda acompañar en esta gira. “Caught in a Mosh”, “Madhouse”, ”Evil Twin”; pasado y presente se entrelazan con nota y Belladona corre hasta el escenario contiguo para saludar de cerca a los fans que esperan en primera fila el siguiente show. Versiones como “Got the Time” y “Antisocial” son ya clásicos, y su final con “Indians” al grito de “War head!” redondeó un show casi perfecto. Por poner un pero, solo hubiese faltado que tocaran “I’m the Law” para sentirnos completamente felices. Continuaron los sonidos más duros con Amon Amarth y “Pursuit of the Vikings”, su tema más exitoso que eligieron para abrir los cielos. Enseguida comprobamos que no se guardan ningún as en la manga: su show evoluciona impecable y sin concesiones. Su escenario, con la proa de un barco vikingo y un drakar en la parte trasera, donde se ubica la batería y donde Johan Hegg se sube de vez en cuando apoyado al mascarón en forma de dragón para cantar temas y beber de su cuerno, es bastante alucinante. La perfecta coreografía del grupo durante todo el show, que incluye hasta un simulacro sonoro y visual de tormenta en “Twilight of the Thunder God”, hace que muchos pensemos que esta banda va a llegar aún mucho más alto.

Whitesnake

Whitesnake

Se acercaba el final de la noche y también los mejores shows. Primero con Thin Lizzy, el cual sobresalió por encima de los restantes. Una banda espectacular con Scott Gorham a la guitarra y Darren Wharton al teclado como únicos supervivientes de sus primeros tiempos. Tom Hamilton (Aerosmith) al bajo, Scott Travis (Judas Priest) a la batería, Damon Johnson (de la banda paralela Black Star Riders) a la guitarra y el vocalista Ricky Warwick completan una superbanda intachable. A pesar de ciertos problemas en el sonido de las guitarras en su arranque, nos conquistaron con “Jailbreak” (como para no hacerlo). Proyecciones con el logo luminoso de Thin Lizzy y fotos de Phil Lynnot iban apareciendo como telón de fondo al ritmo de “Emerald”, “Killer on the Loose” o “Don’t Believe a Word”. “The Boys Are Back in Town” sonó estupenda con un Warwick con poses casi a lo “crooner”, y el hit popular y lúdico a rabiar “Whiskey in the Jar”, que los más jóvenes conocen por la versión de Metallica, fue el punto perfecto para enlazar con el otro show de rock en mayúsculas que se avecinaba, con David Coverdale y sus Whitesnake. Tras “My Generation” de los Who a modo de intro, Coverdale y su palo de micro entran en acción con “Bad Boys”. Él desprende magia y sexualidad en sus movimientos y gestos, y su voz empieza a un buen nivel pero, por desgracia, a medida que el show avanza irá empeorando y dejando paso a la música. El que sigue a un ritmo brutal es el batería Tommy Aldridge, quien hace un alarde de fuerza y maestría al tocar un solo con las manos después de “Crying in the Rain”. El final del set resulta emotivo: “Is This Love“, “Give Me All Your Love” y el hit “Here I Go Again”, con todo el publico cantando al unísono. Para acabar, el riff total de “Still of the Night”. Eso sí, es una lástima que la gira de “The Purple Tour” no haya pasado por aquí.

Llegó Twisted Sister y pareció que a la gente le importan poco sus pinitos políticos con Donald Trump. Sea como fuere, en directo son una de las mejores bandas que puedes ver. Esta es la tercera vez consecutiva que actúan en el festival y seguramente sea la última, como bien afirmó un Dee Snider pletórico. Mike Portnoy continúa a la batería cumpliendo su papel de secundario a la perfección debido a la muerte de A.J. Pero. Empiezan con “What You Don’t Know (Sure Can Hurt You)” y constatamos que, tema tras tema, todo lo que suenan son hits. Buena señal. Ni un fallo, luces rojas y fuego en “Burning Hell” y “Destroyer”. Suena “Huevos con aceite”, con Snider cantando directamente así “We’re Not Gonna Take It“, como es habitual en cualquier concierto suyo en la península. Se la dedica a todos aquellos que nos quieren joder la vida, como los terroristas de Niza o Bruselas, más allá de raza, política o religión, y con “The Price” se acuerda de todas las bandas que siguen aquí desde hace 40 años, ellos incluídos, y, sobre todo, de su fallecido batería y de Lemmy. Kilmister de Motörhead. Parte final con “I Wanna Rock” y “S.M.F” con Snider saltando desde una batería con el logo del grupo en llamas.

Slayer

Slayer

Solo falta un concierto para acabar este RockFest 2016; si el año pasado los elegidos fueron Venom, este año ha sido el turno de otra banda extrema: Slayer. Tom Araya, Kerry King, Paul Bostaph y Gary Holt continúan defendiendo el nombre del grupo a capa y espada. Se echa de menos cierto punto punk del malogrado Jeff Hanneman, pero Holt es un excelente y digno sustituto. Abren con el primer single de su último disco, “Repentless”, y las luces rojas y azules se van alternando sobre un escenario sobrio y sumido en la semipenumbra. Araya luce bien y sonríe de vez en cuando a las primeras filas. Aman la música, su banda y su repertorio, y eso se nota en temas como “Postmortem” o “War Ensemble”, en el que el público se desnuca haciendo headbanging. Todo el setlist es perfecto y solo desearías que tocaran una hora más. “Fight Till Death”, “Dead Skin Mask”, “Season in the Abyss” y “South of Heaven” allanan el camino para un final potente con unas “Raining Blood” y “Black Magic” más rápidas que nunca. Pero, como no, el broche con “Angel of Death” es la que desata la locura encima y frente al escenario, donde las primera filas queman los últimos cartuchos de energía en un furibundo moshpit. La mejor metáfora de un festival maratoniano y de una calidad sobresaliente, del que poder sentirnos orgullosos y que esperemos siga este imparable y saludable ritmo muchos años más.