El Rock En Seine, festival veraniego de la ciudad de París, continúa creciendo. En su duodécima edición ha logrado reunir un total de sesenta y cinco bandas en cinco escenarios y reunir a 120.000 asistentes en tres días en el parque nacional de Saint Cloud.

La jornada inicial empezó con la cancelación de Volbeat con lo que Cage The Elephant ocuparon su lugar en el escenario principal. Los norteamericanos aprovecharon la oportunidad y dieron un recital pleno de fuerza. Sonaron sus mejores temas “In One Ear” o “Ain’t No Rest For The Wicked”. Matt Schultz se mostró como un frontman poderoso y carismático. Tiger Bell, por su parte, demostraron que son una banda a tener en cuenta. Las suecas con Lovisa Thurfjell al frente ofrecieron un set lleno de punk. Tras este principio tan abrumador algo de calma nos vino bien a todos con Pegase, la banda de pop delicado del líder de Minitel Rose. Les fue bien puesto que jugaban en casa. A quien le da igual si juega en territorio amigo o fuera es a Gary Clark Jr. El americano ofreció una exhibición de poder, magnetismo y clase como presente y futuro del blues rock que es. El suyo fue el primer concierto redondo del festival. De camino a Wild Beasts me tropecé con Blondie y desde la lejanía no sonaba mal. Jake Bugg apareció en el escenario todo él vestido de negro, serio y con una guitarra acústica y claro, era imposible no acordarse de Johnny Cash, aunque musicalmente se acerque más a Dylan. Fue épico escuchar “Storm Passes Away” mientras te mojabas en primera fila. Bugg combinó a la perfección su faceta acústica con la más eléctrica dejando a París a sus pies, sobre todo con la potente e incendiaria versión final del “Voodoo Child” de Hendrix y sus rotundas “What Doesn’t Kill You” o “Lightning Bolt”.

El irlandés Hozier juega en otra liga gracias a su magia descomunal. Por momentos uno imagina tener delante al futuro Jeff Buckley, aunque espero que con más suerte. Maravilloso fue cuando interpretó “Take Me To The Church” y el público alcanzo el éxtasis. The Hives ofrecieron su típico concierto que pareció no convencer al frío y exigente público parisino. La lluvia volvió a hacer acto de presencia, lo que no impidió que los suecos siguiesen a lo suyo. En otro escenario Die Antwoord atormentaron oídos y crisparon nervios al tiempo que nos hicieron bailar. Aunque el plato fuerte de la noche llegó a las once de la noche. Arctic Monkeys abrieron su show con “Do I Wanna Know?”, respaldados por un espectacular juego de luces, y ya se metieron al público en el bolsillo para no soltarlo durante todo el resto de concierto. Intercalaron un trocito de “Money Maker” de The Black Keys en “Dancing Shoes”, rozaron la perfección con “Teddy Picker”, a medio setlist soltaron “I Bet You Look Good On The Dancefloor” y completaron una gran actuación con “R U Mine?”. Conquistaron París.

El segundo día empezó con el delicado pop psicodélico de Dorian Pimpernel, a medio camino entre los Pink Floyd de Barret y The High Llamas. Desde Alabama, St Paul & The Broken Bones ofrecieron una exhibición de soul con un brutal Paul Janeway que ejerció de verdadero maestro de ceremonias. Tanto Thee Oh Sees como Clean Bandit gustaron a sus fans y lograron captar alguno más, pero poco más que destacar de sus actuaciones. La de The Ghost Of A Saber Tooth Tiger demostró que Sean Ono Lennon es más de Yoko que de John y su rock intelectual aburrió a la mayoría. Espectacular y maravillosa fue la actuación de Émelie Simon y la orquesta nacional de Ile de France, erigiéndose en otro de los grandes conciertos del festival. Lástima que, cuando una espectacular Beth Gibbons y sus Portishead aparecieron en escena, todo quedó reducido a cenizas. Faltan adjetivos. Memorable actuación en la que, basándose en “Dummy” y en “Third”, redondearon el mejor concierto del festival casi sin despeinarse. Magnética “Sour Times”, mágica “Glory Box” y lección magistral con “Machine Gun” por citar tres ejemplos. Cerraron con “We Carry On” y nos dejaron el alma helada. Tras degustar tal manjar el fast food de The Prodigy casi se me indigestó. Andan fuera de forma.

 

Feu! Chatterton abrieron el ultimo día con su fresca actuación; Blood Red Shoes, el dúo de Brighton con una hechizante Laura-Mary Carter al frente demostraron que su fórmula funciona; Cloud Nothings desplegaron su fiereza hambrienta; Warpaint dejaron constancia de ser de lejos mejores instrumentistas que Haim; la belga Selah Sue (en la foto) opositó a ser una digna heredera de Amy Winehouse; Fat White Family son una caja de sorpresas que no hay que perder de vista; Janelle Monáe es un valor seguro; Brody Dalle está muy perdida desde que abandono The Distillers; Thurston Moore sigue domando el ruido junto a Steve Shelley y Debbie Googe, quienes le acompañan a la hora de interpretar y grabar los temas de su próximo disco. Y llegó la diva. Lana Del Rey apareció en el escenario y todas las miradas se centraron en ella. Carisma nulo, pero con canciones tan excelentes como “Ultraviolence”, “Video Games” o “Summertime Sadness” poco importa.
Tras la diva, Queens Of The Stone Age demostraron ser la mejor banda de rock de la actualidad. Con un setlist preciso como el bisturí de un cirujano y un Josh sublime tanto vocal como instrumentalmente. Con el publico entregado y fuera de control, los estadounidenses interpretaron diecisiete canciones en hora y media de puro placer. Empezaron con “You Think I Ain’t Worth A Dollar, But I Feel Like A Millionaire” y terminaron con “A Song For The Dead”. Cayeron sus mejores temas haciendo especial hincapié en su excelente último trabajo, con lo que consiguieron dejar al público del Rock En Seine sin aliento, magullado pero feliz.