Han pasado días desde su finalización y aún estamos asimilando y digiriendo todo lo visto en el Roadburn Festival 2017. No tanto por su cantidad de propuestas, que también, sino por la calidad de las mismas. La primera de sus cuatro jornadas estuvo marcada por las bandas norteamericanas, que coparon la programación de la sala principal, Poppodium 013. Crippled Black Phoenix desplegaron su folk doom sureño con momentos á là Katatonia aunque con una propuesta cada vez más reconocible. Subrosa sorprendieron por lo compacto de su sonido y una puesta en escena solemne, con dos violinistas y el repaso íntegro de su celebrado “For This We Fought The Battle Of Ages” (16). Sorprendentemente sólidas. Wolves In The Throne Room, por su parte, nos hicieron vibrar –literalmente– con secuencias de blastbeats y una densa muralla de sonido aparentemente estática, mientras Coven lucharon con solvencia contra cierta sensación de decepción en su primer show en Europa y el primero tras dos décadas de inactividad. Deafheaven saben que resultan antipáticos en determinados círculos; quizás por ello, su líder George Clarke salió remarcando aún más su repertorio de tics escénicos. Da igual. Sus temas son tan buenos, desde “Brought To The Water” a “Dreamhouse” o “Sunbather”, que todo lo demás importa más bien poco. La sala pequeña, Green Room, acogió, en paralelo, las descargas más extremas de Ash Borer y su black metal atmosférico; los neoyorquinos Unearthly Trance y su atronador sludge doom; Suma, con su stoner doom metal descarnado y envolvente con perlas como “Let the Churches Burn”; o la más calmada propuesta de Esben And The Witch, trío de rock oscuro de melodías flotantes combinadas con robustos arranques rítmicos. Batushka, en la antigua iglesia Het Patronaat, ofrecieron una hora de liturgia marcada por una espectacular factura visual, unas líneas vocales ceremoniales y un black metal clásico pero algo parco en las formas. Cerraron la jornada Bongzilla y su encapotada y contundente amalgama de doom, sludge y stoner con aroma a hierba y footage propagandístico de la era Nixon.

Los suizos Schammasch abrieron la segunda jornada repasando entero su último “Triangle”, un disco triple de gran complejidad y riqueza artística; una montaña rusa tan densa e infranqueable como armónica y sugerente. En sintonía con ellos, los islandeses Zhrine protagonizaron uno de los conciertos más estimulantes de esta edición, con un Black Metal denso y atmosférico de la escuela de Deathspell Omega. Magma deslumbraron con su amalgama de rock progresivo y jazz de vanguardia, ecos de Frank Zappa y música contemporánea sobrevolada por coros fantasmales. Oathbreaker, por su parte, ofrecieron la mejor descarga que les hemos tenido ocasión de ver, con sus abruptas guitarras y blastbeats fundiéndose a la perfección con el doliente registro variable de Caro Tanghe, entre desgarrado y delicado. En un registro similar se movieron Amenra tras la doble actuación –eléctrica y acústica– del año anterior. Con una puesta en escena tan sobria como deslumbrante, arrancaron con una imponente “.The Pain. It is Shapeless.” y cerraron con la aparición en escena de Scott Kelly y John Baizley. Este último pisaría minutos después el mismo escenario con su propia banda, Baroness, quienes despacharon un setlist con temas de toda su discografía: de “Tower Falls” a la final y coreada hasta la afonía “Take My Bones Away”, pasando por “The Birthing”, “Wanderlust”, “A Horse Called Golgotha” o “Shock Me”. Una paleta cromática variada que enriquece una propuesta personal que sigue evolucionando. Al mismo tiempo, Zeal & Ardor demostraban que su experimento de mezclar espirituales negros con sonoridades black metal funciona más allá de lo que ha sido el álbum con más hype en lo que va de temporada, “Devil Is Fine” (16). Desde la inicial “In Ashes” hasta el tema título, la audiencia se rindió al combo neoyorquino a pesar de una accidental doble caída del sonido. Habrá que volver a verlos. True Widow tiraron de distorsión, ritmos contagiosos y melodías poderosas. Temas como “Theurgist” rondan aún por nuestra cabeza en modo repeat. Podríamos comparar a Chelsea Wolfe con PJ Harvey (etapa “Is This Desire?) o Beth Gibbons (“Dragged Out”), pero les haríamos un flaco favor a las tres. Su majestuosidad escénica, la tensión eléctrica subyacente y su detallista obsesión por el matiz hacen de su doom folk de atmósfera industrial una auténtica experiencia. Cerramos la noche del viernes con el hardcore punk de Integrity, recibido con pogos entusiastas; y con Perturbator y su oscuro synthwave de inspiración cyberpunk, que sudamos al compás de “Future Club”, “Humans Are Such Easy Prey” o “She Moves Like A Knife”.

 

Arrancamos la tercera jornada con el drone asfixiante de The Bug vs Dylan Carlson Of Earth y con los finlandeses Oranssi Pazuzu, cuya mezcla sin pausas de black metal, psicodelia y rock espacial nos sumió en un viaje sensorial de calado. La banda se mostró muy cómoda con su estatus de culto y su libertad musical, y se dejó llevar, como la audiencia, por los intrincados matices de sus volubles canciones. Sus sesenta minutos de concierto pasaron volando. Los británicos Warning se brindaron a su doom canónico iluminado por la personal voz de Patrick Walker, mientras que Memoriam tiraron de brutalidad –“Corrupted System”, “Surrounded (By Death)”– más alguna aplaudida recuperación de Bolt Thrower (“Spearhead”). En un nivel de agresividad distinto pero similar en cuanto a intensidad, Youth Code dispararon su EBM con trazas industriales y vocales hardcore contagiando punch, mala uva y euforia a partes iguales. Los franceses Aluk Todolo, más refinados pero igualmente contundentes, tocaron de principio a fin su reciente y narcotizante “Voix”, con un escenario presidido por una gran bombilla colgante de intensidad variable y con la sensación generalizada de estar presenciando algo especial. Dolch, con su black primitivo, no gozaron del marco sonoro idóneo pero supieron cautivar y dejar la semilla de quien se sabe poseedor de la magia. La fiesta salvaje de Disfear estuvo marcada por los circle pits incluso antes de empezar, ya en las pruebas de sonido. Algo normal cuando facturas un crust punk metalizado de tal calibre. Remolinos de cuerpos, sudor, guitarras cortantes y la herencia de Discharge confluyeron en una descarga arrolladora. Tras el paso por el festival de Anathema y Paradise Lost rememorando sus grandes clásicos, la presencia de My Dying Bride en Roadburn estaba cantada. Repasaron íntegramente “Turn Loose The Swans”, toda una referencia, y completaron su desgarrado set con “Sear Me”, “Your Shameful Heaven” y una “The Cry Of Mankind” inmortal. Violines, teclados, riffs como losas y melancolía pura. Aunque no queríamos irnos a dormir tristes y decidimos contrarrestar el efecto My Dying Bride con Carpenter Brut y su hedonista mix de electrónica ochentera y banda sonora exploitation: “Disco Zombi Italia”, “Turbo Killer”, “Anarchy Road” y una impagable cover final de “Maniac”, de Michael Sembello, con escenas de “Flashdance” incluidas, remontan cualquier cosa.

Ya en la última jornada, Oxbow sorprendieron a más de uno con su amalgama de noise rock, blues y jazz de vanguardia definiéndose en tiempo real -mención aparte para su perfrontman Eugene Robinson–; Author And Punishment nos acabó de poner bien las pilas a base de industrial saturado, guturales y proyecciones impactantes; Pallbearer desgranó su doom atmosférico de melodías siderales corroborando su gran calidad compositiva; y Sumac, del ex-Isis Aaron Turner, combinó death primitivo con partes más ruidistas y experimentales. Aunque el plato fuerte del día llevaba por nombre Ulver, quienes repasaron su último “The Assassination Of Julius Caesar” con gusto y solemnidad litúrgica. En perenne semipenumbra, convencieron incluso a los más escépticos a base de canciones tan redondas como “Nemoralia” y sus prominentes graves o una “Coming Home” extendida hasta los veinte minutos vía crescendo infinito. Casi en paralelo, Emma Ruth Rundle, recortada frente a un cielo nublado y sola con su guitarra, jugó con su expresiva voz (y con nosotros) mediante versiones desnudas de las ya de por sí arrebatadoras “Heaven”, “Real Big Sky” o “Protection”. Un calado emocional que se encargaron de dilatar Hypnopazuzu, nueva banda de David Tibet (Current 93) y Martin “Youth” Glover (Killing Joke). Los temas de su sensacional “Create Christ, Saylor Boy” sonaron en directo más oníricos y tristes, si cabe, mientras su numerosa banda parecía competir con los Bad Seeds de Nick Cave en elegancia y cuidado por los arreglos. Come To Grief e Inter Arma, ambos con distintas interpretaciones del sludge metal, oficiaron la despedida perfecta de un festival que sigue vivo y sonando pasadas las semanas y los meses.