“¡Hay que joderse! ¡Soy el último de los románticos!” Así de claro se expresaba Richard Hawley en la única ocasión en que se dirigió al público en toda la noche -salvo otra para presentar su banda- tras preguntar a las primeras filas y comprobar que él era el único que le había enviado flores a su mujer por San Valentín. Sí, era el 14 de febrero, tal vez el día más indicado para un concierto suyo, y acababa de interpretar “Valentine”, así que se podría decir que lo tenía a tiro. Lo de romántico lo recalcó con palabras y no dejó de demostrarlo con su música. Sin marcar una ruptura total con el crooner de antaño, ahora, al igual que sucede en el disco que presentaba, “Truelove’s Gutter”, el directo también busca un Hawley distinto, creando una atmósfera por la que fluyen morosas sus canciones, en el que cuenta más el todo que la suma de sus partes. Llevando al límite su repertorio, Richard Hawley se asemeja ahora a un Scott Walker más pop; de hecho, cuenta entre sus mayores tesoros con una carta rendida de elogios del más esquivo de los cantantes de los últimos años. Pero no puede -ni quiere, ni debe- dejar atrás el sonido deudor de Roy Orbison o el que podrían hacer unos Camera Obscura más adultos, la banda que más admira actualmente. Su último álbum sonó entero, salvo “Don’t Get Hung Up In Your Soul”, y recuperó otras siete canciones de discos anteriores: un par de “Lady’s Bridge” y “Lowedges” y tres de “Coles Corner”. Hasta la mitad del concierto todo transcurrió inmaculado, haciendo una réplica perfecta de lo grabado en estudio, salvo las cuerdas que un teclista (“detrás de su puesto de oficinista de Correos”) intentaba suplir. Y nos hubiese gustado más que algo rompiese esa perfección. Sólo “Soldier On” se creció frente a su gemela en disco. Para la parte final, tras la tormenta eléctrica de “Oh My Love”, se reservó las sorpresas: un bajo que hacía temblar todo el teatro en “Remorse Code”, una versión de la balada clásica inglesa “Hushabye Mountain”, que antes hicieran Julie London o Tony Bennett, y, por supuesto, el final rabioso con “The Ocean”, que sigue siendo -y él es bien consciente- su mejor canción.

Podrás verle en directo el domingo 3 de junio dentro de la programación abierta del San Miguel Primavera Sound en el Arc de Triomf:  SMPS consigue tus abonos aquí