Los que no pudimos disfrutar de su concierto en el Primavera Club del pasado año le teníamos ganas. Richard Hawley venía esta vez para presentar las canciones “Lady´s Bridge”, otro disco gigante que parece no merecer (inexplicablemente) los parabienes de sus anteriores obras. Se presentó a las diez en punto del sábado en el Apolo haciendo gala de una puntualidad solo al alcance de esos que sabes que nunca fallan, y cuidan cada detalle de la forma más natural posible. Americana en ristre, camisa abierta sin corbata, tupé, y ese look cincuentas que gasta como nadie, el de Sheffield ofreció unos de esos conciertos que emocionan y tocan la fibra de verdad, de esos con propiedades curativas, de esos que recuerdas años. Hawley es uno de los pocos tipos que mirando atrás, es capaz de recrear con una facilidad pasmosa una era irrepetible de la música, aquella de finales de los cincuenta e inicios de los sesenta, una era inocente y de una perfección casi fantasmal, que el británico enriquece e interioriza con ese toque romántico y esas gotas de malditismo que tan bien sientan a su obra. Apoyado por un guitarrista casi de otro planeta (Shez Sheridan merece un monumento), canciones como “Tonight The Streets Are Ours”, “Valentine”, “Lady’s Bridge”, “Just Like The Rain”, “Coles Corner”, o una grandiosa “The Ocean”, dejan bien a las claras que Hawley no es un sucedáneo de nada, y si un intérprete a la altura de sus maestros.