Venía con ganas Richard Hawley, su recién acabada gira por tierras bávaras y su inmediatamente anterior concierto en París, a pesar de buenas reseñas y crónicas, no había obtenido el éxito y la respuesta del público que se esperaba y que cabía esperar tras la buena acogida de su último álbum “Coles Corner”, así que la motivación y el orgullo impulsaron al británico a salir, si cabe, con más rabia y descarno en su propuesta clasicista y su particular revisión del rock & roll. Apoyado en fieles escuderos al bajo (en ocasiones contrabajo), guitarra y batería, quienes lucen en su justa medida, Hawley paseó modestamente por su repertorio más reciente sin ningún tipo de concesión, sonaron menos orquestales, más crudos y más orgánicos temas como “Just Like A Rain”, “I Sleep Alone” o “Darlin´ Wait For Me”, aunque no por ello disminuyó su calidez ni elegancia, todo lo contrario. De hecho se notó su deuda con Elvis Costello, ya que como el líder de los Attractions, Hawley es un romántico empedernido y su devoción por clásicos como Orbison, Scott Walker o Sinatra se palpa hasta en su manera de encender un pitillo. Nuevas y viejas canciones en una hora y media de concierto derrochando sencillez, distinción y profundidad más un bis obligado con un tema del rey del rock que bastaron para dejar un regusto inmejorable a tabaco añejo como guiño cómplice al blues, rock, country y folk, los géneros clásicos por antonomasia. Abrieron Stay, que defendieron noblemente el pop meloso y preciosista que encierra su nuevo disco “Starting To Lose Control”.