Ricardo Lezón debutó definitivamente en solitario el pasado año, al margen de sus proyectos al frente de McEnroe y Viento Smith, y lo hizo con un disco excepcional como es “Esperanza” (Subterfuge, 17). El autor recalaba en Valladolid dentro del ciclo “Artistas en Ruta”, y aunque el perfil intimista del álbum podía haber sido propicio para que el músico lo presentase en formato austero, sorprendió acompañándose de cuatro músicos adicionales sobre las tablas. Una decisión determinante en el aspecto final de la actuación, ya que las nuevas composiciones sonaron sensiblemente más empacadas y dotadas con mayor consistencia que sus versiones de estudio.

Una pequeña mutación del catálogo que no resulta mejor ni peor, pero que sí modifica levemente algunas peculiaridades. La instrumentación gana un punto adicional del protagonismo, si bien la fuerza poética del vocalista sigue siendo el principal argumento a la hora de lograr el objetivo. Hablamos de un torrente lírico capaz de generar intensos sentimientos, que se agravan al encontrar empático reflejo en vivencias propias. El paso del getxotarra por la capital castellana estuvo desbordante en elegancia, precisión y, sobre todo, emociones. Las que albergan a corazón abierto canciones tan inspiradas como “La paz salvaje”, “Chet Baker”, “Arena y romero” o “El momento”, y que dejan a su paso un equilibrio nunca trastocado por temas menores.

Las canciones de Ricardo Lezón son bellas y duras al mismo tiempo, e impactan constantemente sobre la propia piel, justo como sucede con la misma vida. Una serie completada con la inclusión de algún clásico de McEnroe concretado en “La cara noroeste” o “Como las ballenas”, que funcionaron como valioso añadido al nuevo repertorio. Sobre el escenario, el protagonista apareció más comunicativo y feliz que de costumbre, intuyéndose su propia convicción con la obra y alineándose así con un disco en el que, con respecto a entregas previas, se insinúan intermitentes vías de luz inéditas.