Un año. Ha pasado ya un año desde que saliésemos del recinto del Resurrection 2016 y sintiésemos ganas inmediatas de volver a entrar. Hemos tenido que esperar doce meses, pero esta vez ha sido especial. Hemos celebrado junto al festival gallego su decimosegundo aniversario sintiéndonos parte de algo especial, algo que empezó con el hardcore como estilo predominante, pero que ha ido evolucionando y adaptándose a los gustos y preferencias de un público cada vez mayor. Este año ha sido el claro ejemplo de que desde la organización han sabido escuchar a sus fans, con un cartel en el que la diversidad de estilos musicales ha estado muy presente. Con tres días más uno de fiesta presentación, el festival ha triunfado un año más.

En la Warm-Up Party estuvieron Soziedad Alkoholika y Sepultura, dos clásicos muy aplaudidos entre los que pudieron acercarse ese día. Pero no debemos menospreciar tampoco las actuaciones de “Aphonnic” y “We Ride”, ambos grupos gallegos que también convencieron desde el minuto uno, aumentando quizás todavía más su gran número de seguidores. Una vez terminada la jornada, sólo nos quedaba esperar a que empezase lo bueno de verdad.

Calor, frío, sol, lluvias. El tiempo en Viveiro siempre es un tanto bipolar, por eso tuvimos que salir de las tiendas de campaña con todos los “porsiacaso” para poder aguantar un día repleto de grandes bandas. Nosotros empezamos la jornada con Bastards, en el Main Stage, con gran cariño puesto que recordábamos su actuación de hace dos años y por ser una formación gallega que va creciendo concierto a concierto. Tras su media hora de punk rock, cambiamos de tercio y nos fuimos al Desert Stage, centrado fundamentalmente en el stoner, para ver a al dúo Bala. Su actuación, pese a todo el mérito que tiene ser dos instrumentistas, se quedó un poco a medio gas, pero funcionó perfectamente para prepararnos para uno de los platos fuertes de la jornada: Airbourne. Cada vez está más claro que los australianos son los claros sucesores de AC/DC a base de energía y puro rock’n’roll. La banda liderada por Joel O’Keeffe parece no cansar nunca al público. Volvió a disparar su mítica cerveza al aire, truco al que ya estamos muy acostumbrados pero que seguimos disfrutando. También los niños tuvieron su protagonismo durante su actuación, pues los Resukids pudieron subir al escenario, cargados con sus gorras amarillas y sus cascos para proteger los oídos, para ver de bien cerca el show. Eso sí, Suicidal Tendencies demostraron tener mucha más rabia dentro, algo a lo que sin duda también suma la presencia de Dave Lombardo a la batería. Su crossover puro y duro se mantiene vigente y consigue que los espectadores saquen toda su energía al exterior a base de pogos y mosh-pit.

Poco después de disfrutar del potente directo de The Black Dahlia Murder, nos enfrentamos al directo actual de Anthrax, que resultó ser uno de los mejores de los cuatro días de festival. Quizás los años pesen físicamente en Joey Belladona, pero da la impresión de que el paso del tiempo no afecta para nada a su fantástico registro vocal y a su energía en el escenario. La verdad, un concierto redondo.

Eluveitie hicieron las delicias de sus mayores fans y de los que no lo eran tanto. La voz de Fabienne se escuchaba demasiado baja, pero solamente afectó a los primeros temas de su actuación. A continuación presenciamos una de las mejores actuaciones del festival, la de Dropkick Murphys. ¡Menudo directo! Con el recinto lleno y el público totalmente entregado, los de Boston no defraudaron en absoluto. Éxito tras éxito, la banda puso patas arriba Viveiro que alcanzó el climax, obviamente, con “I’m Shipping Out To Boston” o “Rose Tattoo”. Korpiklaani no consiguieron emocionar demasiado. Su actuación pasó a formar parte de las desapercibidas de esta edición, sobre todo después de lo que habíamos vivido minutos antes con la banda de celtic punk bostoniana.

Empezamos la jornada siguiente con los catalanes Böira. Los de Sant Just Desvern nos ofrecieron una media hora de post-rock de lo mejorcito. Nada mal para comenzar una jornada que auguraba caliente. Para seguir aguantando la espera, quisimos ver cómo continúan de forma Architects. Su show fue mejorando con cada tema, aunque tuvieron que capear con el hecho de que las primeras filas estaban allí esperando para ver a Rammstein y no a ellos. Sin embargo, los ingleses no perdieron los ánimos y consiguieron que los asistentes también se desatasen con su música. Otros británicos, Enter Shikari, dejaron muy claro que cuentan con un fiel séquito de fans acérrimos que enloquecen tanto como la banda sobre el escenario. Fuerza y potencia sin parar durante una hora. De hecho, Rou, voz y teclista, parecía que fuese a romper el teclado de la manera que lo golpeaba. Pero no, terminó el show con un público con las manos al aire y formando el triángulo símbolo de la banda inglesa.

Rammstein

Rammstein

Ya con un buen sitio y buena visibilidad al lado del control de sonido, el recinto se iba llenando más y más. Era el turno de Rammstein. Bajo un contador bien grande de sesenta segundos, los alemanes salieron en plataforma desde la parte alta del escenario hacia abajo, comenzaron con “Ramm 4”. El setlist fue un tanto inesperado, pues “Seeman” o “Zerstören” no suelen sonar en sus conciertos. Además, tampoco pudimos disfrutar de los clásicos “Bück Dich” o “Pussy”, con los que el espectáculo siempre está asegurado. La pirotecnia, sin embargo, no faltó: guitarras lanzallamas, fuegos en el cielo o disparos desde el escenario hasta la torre de sonido, pasando por encima de todo el público. Lo mejor del concierto: el bis final con “Te quiero, puta”, su única canción íntegra en español y que es muy difícil que toquen en directo. Además, incluyeron una versión del “Stripped” de Depeche Mode, algo que quizás no era necesario, atendiendo al tiempo limitado del que disponían. La sensación final que nos quedó fue que Rammstein necesitaban más tiempo de actuación para ofrecer todo de lo que son capaces. Aun así, queda claro que su directo es de los más impactantes del momento. Para relajarnos un poco nos fuimos al Desert Stage para ver a Animals As Leaders. Mucha concurrencia, pero pocas personas que realmente estuviesen allí para verlos a ellos. Para animarnos un poco decidimos ver a Display Of Power, grupo tributo a Pantera, en el Ritual Stage, que fueron víctimas de diversos problemas de sonido aunque eso no impidió que se entregarán al máximo.

El cansancio acumulado empezaba ya aflorar tras tres días de festival y eso empezaba a notarse en el ambiente. La gente iba con mucha más calma a los conciertos y muchos optaban directamente por sentarse en el césped y disfrutar así de las actuaciones. Nosotros empezamos tarde, con Mastodon, quienes habían pasado hacía una semana por el madrileño Download Festival.
Presentaban nuevo disco, “Emperor Of Sand”, lo cual se notó bastante, puesto que su repertorio consistió en gran medida en temas nuevos, aunque también pudimos escuchar el himno “Blood And Thunder”. También invitaron a los Resukids a que se subieran al escenario para verles de cerca. Con los últimos acordes de Mastodon, Taake empezaron en el Chaos Stage. Los de Bergen ofrecieron una gran muestra del mejor black metal para los amantes de la música más extrema. Con las caras llenas de pintura blanca y negra, hicieron mover las cabezas de todos los que quisieron un toque más duro en estos días de festival. A continuación, Rancid dejaron muy claro desde el escenario grande que están más vivos que nunca. Eran unos de los platos fuertes del cartel y nos dejaron muy claro el porqué. Punk rock sin descanso que hizo saltar al público joven y no tan joven. Pero, la noche no terminó ahí. Orange Goblin se subieron al Desert Stage cuando Rancid todavía no se habían despedido del público. Es cierto que cuentan con un buen número de fans, pero su socio sonido setentas no acabó por convencernos como esperábamos, así que nos fuimos a ver a Sabaton. Los suecos salieron al escenario entre cañonazos y fuego para demostrar que no hace falta ser Rammstein para quemar un escenario. El suyo fue otro de los mejores conciertos de todo el festival. Y quedó demostrado con la gran cantidad de público que se acercó para verles. Manos y cuernos al aire en cada tema y gritos con cada cañonazo y columna de fuego. Es probable que, una vez les hayas visto un par de veces, el show comience a ser un tanto repetitivo, pero eso ya os lo diremos cuando empiece a ocurrirnos. Nos quedamos para ver a Talco en el Ritual Stage. Comenzaron con casi media hora de retraso a causa de problemas con el sonido, de hecho incluso al inicio del show ellos no podían escucharse, aunque el público sí. Así que cogieron sus instrumentos y comenzaron a saltar y dar botes a lo largo del escenario. Ska punk a tope para terminar un festival que cada año crece más y más y del que los gallegos estamos más que orgullosos.