Digámoslo de entrada. Remate es un músico con conocimiento, con visión y con discurso. Su narrativa excéntrica y su aire a lo Jean Rochefort haciendo de Don Quijote para Terry Gilliam (entre ido, orgulloso y amable) a menudo distraen, generan prejuicios, te dejan en lo epidérmico, despistan a la hora de encontrar lo que realmente, y a fin de cuentas, es lo único que importa: el alma del artista. Viendo a Remate sobre el escenario, todo ese manierismo, todos sus “gimmicks”, están presentes. El músico juega con ello, te obliga a comulgar. Pero ahí está la diferencia, lo que le hace especial y da legitimidad a la afirmación introductoria (que, por otro lado, debería ser una tautología flagrante; ¿los músicos no deberían siempre tener conocimiento, visión y discurso?). Porque lo que Remate propone no es un contrato desigual o injusto, no se va de rositas tras en intercambio. A cambio de tu atención, si tú te rindes, Remate te devuelve mucha indagación, mucho conocimiento, respeto por los que han estado antes, un estilo cambiante pero insobornable y, finalmente, una parte de su alma como artista, a fin de cuentas, lo único que deseamos ver. Y no parece ése un mal trato.

En esta nueva edición de Los Conciertos Sublimes de Vertical Pop, y precedido por el trío experimental Tubular Balls (que obligó al público a abrazar su propuesta como quien se sumerge en un acto de fe, todo lo contrario de lo que venimos hablando), Remate presentó las canciones de su nuevo disco, “Superluv”. “Por lo que tiene de romántico”. Lo hizo acompañado por Carlos Toronado a la guitarra y percusión, Sherezade al chelo y al glockenspiel y, durante dos canciones, por el excelso batería Kike Pierrot (junto a Toronado, miembro del grupo PAL). La puesta en escena y la interpretación fueron cambiantes, relajadas a ratos, intensas por momentos (siempre un tanto forzadas, hay que admitir) y estuvieron marcadas por un ambiente general de buen humor cómplice que no es más que la cautela de quien se toma muy en serio lo que hace. Confiando las riendas a las bases electrónicas preprogramadas que Toronado iba lanzando, el trío interpretó las canciones que dan forma a “Superluv” en una actuación proyectada como un todo en el que el resultado debe ser más que la mera suma de las partes pero donde sobresalieron algunos títulos como “Laurie Allen”, Gigante”, “Iris” y “Por lo que tiene de romántico” (está bien que las canciones, sea como sea, hablen por sí solas). Da la sensación de que Remate, pudiendo tirar de grandilocuencia, desea plantear sus actuaciones como una traslación casera del disco, en el que la superposición de instrumentos y músicos hace las veces de muro de sonido por encima de la producción. Parece que quiere escapar del backline tradicional, jugar con las posibilidades de la interpretación. Y el resultado es tan extraño como atractivo. Corre el riesgo de quedarse en anécdota pero finalmente funciona de la manera en la que te funcionan las cosas sobre las que no te haces muchas preguntas. Y no parece ése un mal resultado.