El Santander Music y los Huesos de Portobello han unido fuerzas este invierno y están programando toda una serie de veladas con las que mantenernos bien calientes a pesar de los fríos y los temporales, alargando la sensación de verano a ritmo de rock and roll. La noche de jueves que nos ocupa traía al bueno de Elliott Murphy de nuevo a Santander. Viejo conocido.

Murphy volvía a la ciudad con el doble cometido de presentar su flamante libro ‘Historias de Paris’ y ‘Prodigal Son’, el último trabajo discográfico del neoyorkino. En la sala BNS se presentó acompañado de su fiel escudero francés Olivier Durand, estableciendo una conexión musical entre ambos lados del Atlántico que ya dura casi dos décadas. Inicio bien enchufados con “Drive all night” y “Winners, Loosers, Beggars, Choosers”. A partir de ahí todo rodado durante más de dos horas llevados en volandas por un numeroso y entregado público.

Entre canción y canción repasando hitos propios y ajenos, mil y un historias de alguien que es historia viva del rock. Del nuevo trabajo cayeron “Hey Little Sister” y “Chelsea boots”, dos canciones bien diferentes pero que pueden servir para resumir dos facetas destacadas de este artista, una balada de corte más intimista con tensión creciente y otra, mucho más pop rock americano y de estribillos y fraseos de guitarras bien claras. Entre las ajenas, anécdotas de abuelo cebolleta con compañeros de fatigas tan ilustres como echados de menos para nuestra desgracia: Lou Reed y Tom Petty. Tirando de clásicos como “Wild side” o “Free fallin” el coro estaba asegurado. La comparación es inevitable, incluso física, pero es que todos son coetáneos y proceden de la misma rama.

Ya en la cima del recital, muy destacables los duelos y diálogos de guitarras entre Murphy y Durand como en “Destiny” o en “Last of the rock stars”, momentos álgidos de la noche. Esas cabalgadas sin duda la mejor parte de toda la velada. La gente encantada y como agradecimiento un par de reclamos de vuelta al escenario hasta quedar bien saciados. En mi opinión, sobró algún tema y la cosa ya no quedó en lo más alto… Pero a juzgar por el ímpetu y las amplias sonrisas de casi toda la gente congregada es muy probable que esté del todo equivocado o ya esté mayor para más de dos horas de concierto un jueves.