Tengo muchos discos de rock. Los tengo buenos, regulares y malos. Los de Rage Against The Machine los incluyo entre los primeros y los segundos. Sólo que el directo es una cosa bien distinta. La mayor parte de las bandas que firman discos impresionantes no suelen mantenerse a la altura del estudio. Por eso quienes opinamos por escrito solemos ir dando palos a diestro y siniestro.
De ahí que uno se sorprenda de tal modo con Rage Against The Machine. Más que nada porque mientras su discografía, perdida la capacidad de sorpresa, anda cuesta abajo, su directo sigue gozando de una indudable contundencia. Será porque sus piezas están milimétricamente confeccionadas, porque sus líneas de bajo son capaces por si mismas de aupar toda la estructura de unas piezas desnudas pero atronadoras, porque su guitarra parte de Zappa para mostrarse personal como pocas y porque su vocalista anda dando tumbos arriba y abajo erigiéndose en motor de un desmelene general. También hay política, la de sus textos, la de los zapatistas que tomaron voz en el concierto de Barcelona, la de los okupas que colgaron sus pancartas, la de ese Muguruza que clamaba por el acercamiento de los presos vascos ante esa cortina «The Battle Of Euskadi» (Barcelona, Madrid, Berlín, París…), aunque tanta reivindicación roce lo anecdótico cuando descubrimos que sólo se trata de rock. Podemos creernos su discurso, tomarlo a pitorreo, obviarlo, porque en el fondo su directo busca la contundencia, la energía, de forma precisa y absoluta. Y lo hace de la mano de «Testify», «Guerrilla Radio», «Bullet In Your Head» –uno de los grandes momentos de la noche-, «Bulls On Parade», «Sleep Now In The Fire» o de ese «Killing In The Name» que no demostró estar realmente muy por encima de sus competidores. Antes estuvieron Asian Dub Foundation luchando desde otro franco, presentando las piezas de «Community Music», acudiendo a «Free Satpal Ram» o «Naxalite» como principales bazas, mostrando una soltura similar a la que nos sorprendió en el Bam, Festimad o en su gira junto a Atari Teenage Riot y Audioactive, pero sin alcanzar los mismos resultados. Y es que quizás su rock multidisciplinar (ya saben, jungle, dub, rock, hip hop, reggae…) funciona mejor en otro tipo de recintos. Aunque estábamos con Rage Against The Machine. Lo dicho, tengo muchos discos de rock, algunos muy buenos, pero pocas de las bandas que los han firmado son capaces de superarlos sobre un escenario. Rage Against The Machine, aunque siguen erre que erre en el estudio, lo consiguen. Y eso, visto lo visto, es mucho.