Puntual puntualísimo comenzó el espectáculo musical en Intxaurrondo, esa sala que a todos nos gusta pese a estar rodeada de la nada más absoluta. La noche estaba bien planteada por el equipo de Nordika Producciones con dos grupos de dos estilos diferentes, Grande Days y McEnroe, pero que se caracterizan por tratar la música con mucho mimo y cariño. El público respondió positivamente a la propuesta y la sala estaba prácticamente llena desde el principio.

Los primeros en salir fueron los donostiarras Grande Days. Dos años y un poco más es el tiempo que llevaban sin tocar y su vuelta fue una alegría para propios y extraños. Los que les conocíamos les observábamos con una sonrisa y los que no les conocían no paraban de preguntar de dónde habían salido. Sus cuatros componentes se toman muy en serio lo que hacen. A lo Sigur Rós, prestan especial atención a la parte instrumental y todo lo que sale de sus dedos está trabajado y medido al detalle. Se podría decir que son unos artesanos de la música, música que por cierto viven de forma muy intensa.

Y de unos intensos de la música a unos intensos de la vida. De McEnroe, sobre todo, lo que nos gusta son sus letras tristes y dramáticas. Por eso, cuando empezó su concierto la característica voz de Ricardo Lezón se convirtió en la gran protagonista de la sala. Acompañándole, el resto de getxotarras de la banda tocando sus instrumentos con extrema delicadeza. No hay duda de que funcionan bien como grupo y su espectáculo sonaba limpio y elegante.

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La banda combinó aleatoriamente temas del nuevo disco con los éxitos de sus álbumes anteriores. Así, para antes de terminar la primera de cerveza ya habían tocado sus dos canciones más conocidas: “La Cara Noroeste” y “Los Valientes”. Quizá por eso la gente no las coreó como yo esperaba. O quizá porque estaban contagiados-hipnotizados por su rollo intimista. Y es que el silencio y el respeto fue la tónica general de todo el concierto. Así, cuando alguien alzaba un poco la voz, el resto del público le mandaba callar.

Al finalizar el bolo el cantante no dudó en agradecer ese silencio que en otras citas no había obtenido. Poco antes, entre canción y canción se había generado un silencio sepulcral nunca antes visto en un concierto. Lezón dijo lo siguiente: “Como se anhela el silencio y a la vez como acojona”.

Y ahora viene mi pero. Ya sé que entonces no serían McEnroe, pero un sábado por la noche en una sala de ambiente festivo no hubiera estado de más un guiño a la alegría. Pienso que otros cantautores y grupos del mismo corte, son capaces de hacerlo. Soy y seguiré siendo fan de la banda de Getxo pero en directo me parecieron demasiado políticamente intensos.