Los vecinos de la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias se preguntarían a cuento de qué todo aquel jaleo un viernes de julio a media tarde. Desde ese mundo de siestas, calles sin un alma y el Tour de Francia sonando de fondo en algún salón. No muy lejos de todo eso, entre los muros del castillo de la Coracera, arrancaba la primera edición del Phantom Fest, un evento alejado tanto en pretensiones como en estilo de los grandes festivales que han protagonizado la agenda musical durante las últimas semanas.

Dos jornadas de música en directo que, aún sin perder ese valioso carácter de reunión de amigos y habituales del underground madrileño, se ponía el listón bien alto con bandas de primer nivel, caso de Guadalupe Plata, MFC Chicken o The Limboos. Sin sectarismos y con esa debilidad por la fiesta del sello FOLC Records, organizador de festival mano a mano con la sala de conciertos Fun House. El resultada daba para un cartel bastante ecléctico pero de evidente querencia por el rock and roll y la música negra en el que reinaban figuras como las del británico Mike Sánchez, con unas tremendas lecciones de rock a través de su piano; o la fantástica Sister Cookie, derrochando personalidad en compañía de los citados MFC Chicken, quienes nos acompañarían durante todo el fin de semana, repitiendo además como The Fuzillis.

Guadalupe Plata

Con la puesta de sol, la jornada del viernes arrancaba con la energia de Cannibals, joven combo madrileño tremendamente desprejuiciado, mezclando con frescura rock, reggae o electrónica. Tras ellos, elegante y uniformado, Pike Cavalero, quien ponía la primera nota rockabilly del fin de semana con temas como “Wannabes” o “Me siento azul”, de su último álbum totalmente en español “Sin miedo a volar”. En su concierto llegaría la primera oportunidad de ver en acción a la seductora Lady Dramakuin y su espectáculo de burlesque, muy presente junto al resto de su compañía a lo largo de este Phantom Fest. Un festival que empezaba a pagar la novatada con algunos retrasos, contratiempos que si bien hubiesen inquietado al asistente puntual de un macroconcierto no parecía ser así para una parroquia relajada, que se repartía por los aledaños del castillo sin grandes preocupaciones por el reloj.

King Salami

Y en esas, entre cerveza y cerveza, llegaba uno de los platos fuertes de la noche: Guadalupe Plata. Difícilmente decepcionantes en su absorbente, arrastrada y oscura forma de ver el rock and roll y el blues. Sonaba “Tormenta” y “El Boogie de la muerte” cuando volvíamos a entender que la cosa con ellos va siempre más allá de las canciones, regalando una experiencia más asimilable cuando es vista como un todo, que se vende sola y que está lejos, muy lejos, de agotar. Y eso que no les faltan hits, caso de ‘Calle 24’, dejando el escenario bien caliente a los MFC Chicken. Las mismas raíces pero otro carácter y ante todo una idea opuesta del espectáculo. Es decir, una verdadera fiesta. La banda británica presentaba nuevo single junto a una Sister Cookie de voz y presencia excepcional. Se unían dos propuestas que parten de unos marcados estándares, pero cuya personalidad y sentido del humor hace únicas. Buena representación de esa mezcla sería la garagera version del “I Just Wanna Make Love to You”, de Willie Dixon y popularizado por Etta James. A partir de ahí se mostraron imparables, cerrando con “Goin’ Chicken Crazy, Chicken, Baby, Chicken”, un sujetador colgado del frontman e invasión de escenario. Pasaban las 3 de la mañana y aunque la fiesta continuaba para los valientes, los mortales se retiraban a reunir fuerzas.

La jornada del sábado arrancaba pronto con una serie de conciertos en el mismo recinto, aunque gratuitos y abiertos a toda la familia. Una programación a priori menor y bajo un sol de justicia que, sin embargo, resultó lo mejor del día. Bajo una minicarpa que protegía el escenario, que lo primero es la salud, ponían las primeras canciones dos personalidades tan marcadas como las de Artemio, primer batería de Los Enemigos, de agudo ingenio; y otro veterano como Víctor Coyote, con Ricardo Moreno a la percusión. A continuación, unos más que contundentes Reverendo & The New Preachers predicando el amor por Elvis, con los que poco a poco comenzábamos a olvidar las altas temperaturas. En esas, la sesión vermú terminaba por descontrolarse con The Fuzillis, formada por miembros de MFC Chicken entregados al surf y al garage más festivo, logrando la que sin duda fue la imagen del festival: un escenario repleto de fans, bailarinas de burlesque y otros espontáneos y la banda tocando con inálambricos desde la parte alta del castillo. Una fiesta impensable a esas horas.

MFC Chicken

Y eso que podría decirse que la jornada principal no había hecho más que empezar, aunque aguardaba una noche que quedaría algo deslucida por los parones y algunos problemas técnicos que principalmente acusó uno de los mayores atractivos del festival, King Salami & The Cucumberland 3, visiblemente incómodos aunque ofreciendo destellos de la contundencia con la que podrían haber dado un concierto para recordar, en la presentación de su tercer álbum. Sí pudieron expresarse sin contratiempos The Allnighters, de depurada técnica y estilo pero sin la emoción que minutos después desprendería Mike Sánchez. Como un profesor de rock and roll, solo frente a su piano repasando clásicos básicos y repertorio propio. Derrochando simpatía y buen hacer, entre sus admiradores contaría con la siguiente banda, The Limboos, quizá el grupo de música negra más en forma en nuestro país, que de forma improvisada invitaba a Sanchez a tocar con ellos un par de canciones.

Pike Cavalero

Poco después tocaba cambiar completamente de tercio, en esa heterogeneidad que prometía el festival desde un inicio. Llegaba el momento de Dogo. El rockero sevillano regresaba a los escenarios sin Los Mercenarios en un momento complicado tras conocerse el fallecimiento de José Manuel Couceiro “Cucharín”, primer batería de la banda. Lo hacía, eso sí, con una nueva formación a la altura de las circunstancias (con, entre otros, Juancho López o Xabi de Señor No) y clásicos del grupo como “Polígono sur”, “Mala Reputación” o “Rock and roll caliente”, con fabulosos extras como una versión de Moris (“Rock de Europa”) y la aparición estelar de Ana Curra, violenta e imparable con “Un día en Texas”. Momentos emocionantes que daban paso a dos últimos conciertos en los que el cansancio y los inconvenientes técnicos empezaban a hacer mella en el público y quizá también en las bandas, que dejaban destellos de que lo podría haber sido en otras condiciones. Porque no deja de tener mérito el trabajo de Tito Ramírez junto al sello Antifaz Records, en lo estricamente musical y en todo lo relacionado con la estética, tan abandonada por lo general. Presentándose como El Zorro desde lo alto del castillo y caminando entre el público hacia el escenario, el guitarrista de Los Granadians del Espacio Exterior hacía lo posible por demostrar las virtudes de su proyecto más personal, repleto de rhythm & blues y rock latino. Así, el primer Phantom Fest llegaba a su fin a altas horas de la madrugada del sábado, abriendo la posibilidad de una nueva cita anual irresistible en nuestros calendarios.