Ocho años sin ver a los Pet Shop Boys por estos lares y a muchos, a juzgar por la expectación entre un público mayoritariamente de mediana edad, muchas celebrities incluidas, se le habían hecho largos. Pero a las 21:30 en punto, de dos pantallas circulares rotativas emitiendo animaciones geométricas salían Chris Lowe y Neil Tennant. “Inner sanctum”, de su último álbum, abría un concierto que aprovechó desde el principio el inigualable catálogo del grupo, con “Opportunities (Let’s Make Lots Of Money)” y su sátira del capitalismo rampante de los ochenta. Con “Burn” Lowe y Tennant se quitaban sus cascos plateados y aparecían en escena dos percusionistas y un sintetizador más.

Brutal sonó “Love Is A Burgeois Construct”, con ese arrollador sample de Michael Nyman, y el público, que estuvo de pie casi desde la primera canción, enloqueció con “New York City Boy” y “Se a vida e”. “West End Girls” introdujo un pasaje algo más tranquilo, con la monumental lenta “Home And Dry”. Pasaje que duró muy poco, hasta “The Sodom And Gomorrah Show” y “It’s A Sin”, con la que ya no quedó nadie sentado en todo el Real. “Left to My Own Devices” y “Go West” cerraron momentáneamente la fiesta, pero aún faltaban en los bises “Domino Dancing” y la mejor versión de la historia del pop, “Always On My Mind”. Hora y cincuenta minutos de diversión, de baile, de pop con mayúsculas y de nostalgia bien entendida, y es que, a pesar de los 63 años que Tennant confesó cumplir, pocas discografías han “envejecido” tan bien como la suya.