Ayer viernes 4 de diciembre tuvimos la oportunidad de presenciar en la madrileña sala Barceló uno de los conciertos más esperados de la temporada. Belako, Perro y Sierra, tres de las bandas patrias que más interesantes de los últimos tiempos, se juntaron por vez primera en un concierto que no defraudó ni a propios ni a extraños.

Abrían la noche los locales Sierra, que en realidad no son tanto una banda como el proyecto en solitario de Hugo Sierra, viejo conocido de la escena madrileña por su grupo Prisma en Llamas y, sobretodo, por el punk raro de Margarita. Su EP de debut ”Tiene mucha fuerza” (Gramaciones Grabofónicas, Tormina Records, 14) se aleja bastante de lo que nos tenía acostumbrados para adentrarse en terrenos más cercanos al pop lo-fi y la new wave más melódica. En directo le acompañaba una solvente formación de músicos de variopinto recorrido: Clara Collantes (El Día Después), Arturo Hernández (Juventud Juché) y Antonio Castro (Charades). Juntos desgranaron un breve pero intenso repertorio que incluye canciones como ”La chica del cohete”, muy en la onda de los primeros Pegamoides, o ”Golpes”, marcada por ritmos tropicalistas y guitarras de surf. Una instrumentación sencilla y directa que funciona a la perfección con la sinceridad de unos textos cercanos y, en ocasiones, casi costumbristas.

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A continuación llegarían los murcianos Perro. Había especial expectación por ellos, que llegaban a la capital con su excelente último trabajo todavía calentito. ”Estudias, navajas” (Miel de Moscas/Gran Sol, 15), será recordado, sin duda, como uno de los discos nacionales del presente año (atentos a nuestra lista). El grupo irrumpió en el escenario como un elefante en una cacharrería. Tras apenas dos temas (y sin necesidad de hacer grandes alardes) ya nos tenían a todos brincando como posesos. El sentido rítmico del cuarteto es absolutamente encomiable. A fin de cuentas, pocas bandas se atreven a día de hoy con dos baterías (¡dos!). Pero la singularidad de Perro no se reduce, ni mucho menos, a su versatilidad con los instrumentos. Su particular thermomix procesa ingredientes propios del indie, el punk, el pop, el noise y hasta el krautrock. El producto es una delirante papilla sonora que, lejos de resultar indigesta, revitaliza cuerpo y mente. Eso por no hablar de sus letras, tan desternillantes como geniales. ¿Qué otra cosa se puede decir de canciones que hablan del segundo apellido de Jordi Hurtado o sobre reptilianos que escriben sobre humanos? El contenido lúdico es una pieza fundamental de su propuesta y así lo entiende la audiencia, que, no en vano, sigue respondiendo con mayor entusiasmo ante los temas de su primer álbum, el también destacado “Tiene bacalao, tiene melodía” ( Miel de Moscas 2013). La traca final, con “La reina de Inglaterra”, “Droga porro”, ”OLRAIT” y “Marlotina” fue de órdago.

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Y si Perro han entregado uno de los discos de 2015, Belako van a entregar uno de los de 2016. El grupo vasco salió con todo a presentarnos las canciones que conformarán su próximo álbum, de inminente publicación, que llevará por título “Hamen” y del que ya presentamos su primer single en esta misma web. El joven cuarteto parece no tener techo y lo que comenzó siendo una banda de post-punk (con Joy Division como principal referente) es hoy un auténtico torbellino que asimila géneros y estilos a una velocidad vertiginosa. Aunque hasta el momento, ninguna de sus grabaciones hace justicia al potencial y el talento que muestran en sus arrebatadores directos. A tenor de lo escuchado anoche, a los ya consabidos trazos de synth-pop hardcore y shoegaze que encontramos en sus notables EPs del año pasado, se unen también influencias más atmosféricas e incluso elementos propios de metal más extremo (juro que escuché guturales). Poco importó que la audiencia aún no conociésemos los nuevos temas; el despliegue de energía de los vizcaínos es sencillamente impresionante. Y terriblemente contagioso. La sincronía entre Cris, Josu, Lore y Lander es determinante. No importa quien lleve la voz cantante: siempre suenan a Belako. Durante todo el set no pararon de intercambiar posiciones, sin bajar el nivel de intensidad en ningún momento. Una exhibición de músculo y destreza que nada tiene ya de promesa. En el último tramo se soltaron la melena (más aún si cabe) con su estupenda versión discotequera del “Sinnerman” de Nina Simone y temazos de cosecha propia como “Sea of Confusion” o “Haunted House”. La sala no se cayó de puro milagro.

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