No sé si entre las mil quinientas personas que llenaron La Riviera alguien vio en su día a los Jam, aparte de un amigo inglés allá por 1980, cuando sólo tenía nueve años (Ios ingleses siempre han sido diferentes). Y es que ni el veterano Julio Ruiz lo hizo. Lo que sí es cierto es que la media de edad del público superaba los cuarenta, y la expectación era grande por ver a quien con The Jam fue uno de los grandes cronistas de la Inglaterra de finales de los setenta, la de la crisis, el paro y la violencia cotidiana, al nivel de Ray Davies en los años sesenta. Un icono de estilo y un músico con una carrera en solitario irregular pero prolífica, cargada de canciones y discos incontestables, como aquel “Stanley Road”, de 1995.

Canciones que suelen dividirse entre el rock robusto de fuerte poso rythm and blues, el pop-soul de sus días con The Style Council y las baladas perfectamente melódicas. Al primer tipo pertenecen “White Sky” y “Long Time”, de su penúltimo y más que notable disco “Saturns Pattern”, con las que abrió el concierto. Con “I’m Where I Should Be” (mi favorita del mismo) Weller dio las buenas noches, justo antes de su primera mirada al pasado, con “My Ever Changing Moods”, de The Style Council. La gente no cantaba demasiado (¡ay!, la barrera del idioma), pero aplaudía a rabiar a su ídolo. También cuando se sentó al piano por primera vez, para tocar la (muy) bonita “Long Long Road”, del último disco.

Steve Cradock, miembro de Ocean Colour Scene, guitarrista principal y responsable primero del gran sonido de la banda, (¡qué talento y sencillez la de este hombre!), presentó “Up In Suze’s Room”, del también notable “Heavy Soul”. Y entonces llegó el baile elegante pero desmandado con “Shout To The Top”, el hito en la carrera de The Style Council. El repaso impecable de sus grandes “modern classics” (“Into Tomorrow”, “Above The Clouds”, “Peacock Suit”, la intensa emoción de “You Do Something To Me”) mezclado con temas de su último álbum “A Kind Revolution” continuó hasta antes de los bises. Bises que, como en toda la gira, tuvieron dos entregas. En la primera, La Riviera volvió a llenarse de emotividad cuando Weller se sentó al piano a tocar “Broken Stones”. Emoción que volvió a alternarse con baile, con el robótico riff de guitarra de “Start!”, de los Jam. En la segunda, recuperó “The Changing Man”, de “Stanley Road”, y La Riviera se vino abajo con “A Town Called Malice”. Pena de dichosos teléfonos móviles…