Cuatro décadas atrás, unos chicos de Liverpool cambiaban el mundo con sus canciones, pero no con sus conciertos. En este terreno eran superados por otros como The Who o The Rolling Stones, así que no debe extrañarnos que hoy en día Paul McCartney siga estando lejos de ser una béstia escénica. No importa. El paso del tiempo ha hecho sus composiciones todavía más grandes y con eso ya basta. Quién puede competir con un set list que incluye más de una veintena de temas de los Beatles? Casi cualquier grupo daría lo que fuera para que todo su repertorio tuviese la mitad de transcendencia que “Yesterday” o “Let It Be” por sí solas, y eso es lo que todavía sabe aprovechar Macca. Éste era el primero de sus conciertos barceloneses y el único Beatle en activo hizo un repaso a su envidiable trayectoria, incidiendo especialmente en la década de los sesenta, e incluyendo una parte en solitario con, entre otras, “Blackbird” y un “Something” al ukelele dedicado a George Harrison. Destacó la fuerza de la banda en las piezas más rockeras (“Band On The Run”, “Back In The USSR”, “Live And Let Die”…) y el clímax de “Hay Jude” coreado por el público. Y es que más de dos horas y media con uno de los compositores definitivos de la historia del rock hay que considerarlas como todo un lujo, aunque evitara definirse sobre la guerra o que para dirigirse al público usara expresiones nada espontáneas o naturales.