La suerte sonríea esta banda inglesa. Tras el espectacular éxito de su anterior disco,la presentación de “Marchin´ already” se convertíaen cita obligada. Desde sus anteriores visitas, los británicos hanconseguido un público fiel que acude a sus conciertos con absolutalealtad, llegando a tener que habilitarse una sala de mayores dimensionespara poder dar cabida al aluvión de público -y de paso jorobara los reventas que se las prometían felices-. Ocean Colour Scenebasan su eficacia en lo compacto de su formación, ofreciendo unamúsica que, sin ser para nada innovadora, se nos antoja muy resultona.Herederos de la tradición del Brit-pop de los sesenta y, evidentemente,de Paul Weller, su mayor acierto se encuentra en la facilidad con la quedan forma a melodías accesibles y de fácil recepción.Cuentan con un cantante, Simon Fowler, dotado de una asombrosa modulaciónque le permite graduar y decorar las melodías en diferentes estilossin perder para nada su identidad. La guitarra de Steve Cradock, a la antiguausanza, dota a las canciones de un toque mágico que las convierteen algo especial. Así que, descubrir a un grupo de las posibilidadesde los británicos no sorprendió a nadie, más bien alcontrario dejaron a la audiencia con ganas. Quizás porque cuando,tras una hora de concierto decidieron retirarse, estaban en su momento álgido.Ni las inmaculadas versiones de Small Faces y los Beatles consiguieron hacernosolvidar la sensación de que podrían haber dado másde sí. Deberían tener presente que la fama puede ser efímeray ser conscientes de que mejor sería redondear sus directos.