Resulta difícil encontrarse un grupo que se vacíe tanto como La Débil, entregándose a una música salvaje, cosida de imperfección y, precisamente por ello, de nervio. Vuelan las baquetas, cruje la guitarra, la voz se alza para poner a Madrid de vuelta y media (su Corte y su Parlamento, se entiende) con soniquete de jota, mientras su rock se mueve en el alumbre. Percusiones brutales, letanías de fliación nihilista (“¿Quién será la próxima víctima del hombre”) y una casquería en las letras que se traslada al sonido, lo mismo en los temas de “Lucha perro” que en nuevos cortes que aventuran grandes sensaciones. Un directo el de los de Torrijos que es una experiencia, sobresaliente primera parte de un programa doble que presentaba a nudozurdo como protagonista principal, con el aval del aún reciente “Tara Motor Hembra”, uno de los mejores discos en esta primera mitad de año. Y la sensación es que no pocos matices se quedan en el limbo, que aún pueden sacarle más partido: sin ir más lejos, una canción como “No me toquéis”, que en vivo debería funcionar por la vía del K.O., acabó diluida en desarrollos que dan cuenta del inconformismo de Leo Mateos, pero que en este caso no acabaron de cuajar.
Sea como fuera, quien no arriesga no gana, y nudozurdo lo hacen desde el primer minuto, aunque el arranque resultase a la postre algo tibio (“Viaja hacia mí”, de su primer álbum). Poco importaba: la victoria estaba a la vuelta de la esquina, y después de encadenar “Prometo hacerte daño” y “Ganar o perder” ya no admitía mayores reparos. Es ahí, en ese cara a cara sin concesiones, cuando los madrileños alcanzan sus mejores momentos, con una autoridad indiscutible. Arrimándose de forma decidida al post-punk, aunque sin rendirse a la oscuridad, entre lo mejor de la noche colocaron “Golden gotelé”, “Dosis modernas” y, sobre todo, “Conocí el amor”, siempre dentro de un directo en constante evolución, lejos de las fotocopias que facturan tantos otros, hasta coronar su actuación con “Mil espejos” y “El hijo de Dios”, de “Sintética” (2008), convertidas en himnos de una banda que a lo largo de hora y media justificó de sobra porque está entre las imprescindibles de los últimos años.