Aún recuerdo mi primera experiencia frente a Atari Teenage Riot, aquello fue de lo más impactante. Sólo que el tiempo ha pasado y el impacto no es el mismo. Su directo sigue sonando a lo-fi electrónico, a gabber descacharrado -lo cual les hace perder potencia- y su discurso acaba por sonar a pataleta, pero siguen dejando fluir una energía inusual. Alec Empire actúa, aunque se sienta cómodo en su papel, Carl Crack pinta menos aún que hace un par de años, pero Hanin Elias se ha convertido en casi el centro del universo ATR, desgañitándose, abriéndose la camisa y provocando a la audiencia. Eso sí, jamás se habían dejado llevar tanto por la fiereza ruidista de aquella noche. Y eso es algo que, a mi modo de ver, les honra; digamos que porque el riesgo siempre es bueno. Más tarde, Nine Inch Nails demostrarían que en su directo no queda espacio para lo espontáneo. Profesionales como pocos, Trent Reznor y sus mercenarios se muestran capaces de reproducir sobre un escenario lo que uno descubre en estudio. Quizás no sean lo salvajes de antaño, ni mucho menos, pero difícilmente podrían haber sonado con mayor rotundidad en su debut en nuestro país y en este primer concierto de presentación de «The Fragile» en todo el mundo. Con un Reznor comedido en todo momento, un Charlie Clouser reclamando -y consiguiendo- su parte de protagonismo, desde los teclados y el theremin, un Robin Finck enérgico, un Danny Lohner encargado de cargar indistintamente con labores de bajista, guitarra o teclista y un Jerome Dillon efectivo, Nine Inch Nails repasaron lo más interesante de su repertorio (aunque obviasen singles como «Happiness In Slavery» o «We’re In This Together»), arropados por una escenografía cuya espectacularidad -dejando a un lado la iluminación- se centró en lo creativo (apenas unas cortinas blancas y un telón frontal en el que se proyectarían imágenes de moléculas, fluido sanguíneo, las aguas de un mar, gusanos, animales muertos y fuego). Así abrieron con «Somewhat Damaged», nos brindaron «The March Of The Pigs», «Head Like A Hole» -de lo mejor de la noche-, «Terrible Lie», «Down On It», «Wish», «La Mer», «Starfuckers Inc.», «Into The Void» o «Piggy», para despedirse con un bis de tres temas («The Day The World Went Away», «Closer» y «Hurt») que nos dejó con ganas de más. A eso se le llama ser profesional.