Dentro de su extensísima gira por la península, prácticamente un mes de conciertos, y del 25º aniversario de la tienda de discos irundarra “Bloody Mary”, se presentaba como fin de fiesta del Vinyland Tour, esto es, pase previo de la película “Vinyland” en la que aparece lo más florido del rockerío guipuzcoano y posterior concierto.
Buena entrada, mayoritariamente femenina, en un día de labor, como se decía antes, para presenciar a una artista, que tras varias giras parece haber encontrado un feudo seguro en el estado.

90 minutos apretados de rock-a-billy, soul, r&blues, boogie y r&roll 50,s aguerrido,… donde se echó en falta las presencias estilísticas de otras giras, pero que conectó con un público con ganas de moverse, bailar y pasarlo bien. Nikki demuestra dominio de las tablas pero todavía lejos de la imagen volcánica de otras cantantes negras con las que, irremediablemente, se le puede comparar.

Apoyada en el repertorio de su último disco y un buen número de rendidos homenajes “Sweet Little Rock and Roller” de Chuck Berry, ”Trouble” de Elvis, “Ligths Out” de Jerry Byrne o “Rocker” de AC/DC,… te lo pone fácil, ritmo compacto y rugoso servida en tus pies para que empieces a bailar. O lo que es lo mismo, un plan perfecto para compartir con amigas y amigos.

Con una cumplidora base rítmica, comparte protagonismo con su marido a la guitarra que, a pesar del destacado trabajo con la slide, sonó correcto pero plano, sin la personalidad necesaria para marcar cada estilo visitado.

Vocalmente Nikki se adapta mejor a los ritmos rápidos y trotones donde raspa sin llegar a desgarrar; cálida en los pasajes más soul/blues pero sin conseguir pellizcar.

Comunicativa y bailona aporta un tono todoterreno que encaja pero no seduce, lo que no es óbice para que en el tramo final ponga a media sala a bailar y a botar al son de, otra vez AC/DC, con “If You Want Blood (You Got It)” dejando claro que su querencia en directo va más por la música blanca cantada en negro, eso sí, mate.

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