“Nos veremos pronto, y espero que no tenga que traer pasaporte”. Así se despidió Ramón Rodríguez, The New Raemon, del público madrileño que lo veía en la Sala But el pasado septiembre. El de Cabrils volvió a principios de marzo a Madrid, en mitad de una marabunta política de no investiduras tragicómicas que tampoco distan mucho de los universos que se perfilan en las canciones de The New Raemon. El amigo Ramón, al menos por esta vez, pudo dejarse el pasaporte en casa, pero, afortunadamente, no sus historias. ¿Era, en esos días, el Congreso de los Diputados una canción de The New Raemon?¿Lo sigue siendo? Pues, a juzgar por letras como “Risas enlatadas”, todo podría indicar que sí (“condenados a soportarnos con agresividad/ignorarlo nos crea más molestias/hay que ceder/hay que ceder”).

Alusiones políticas a un lado, la canción, perteneciente a su disco “Tinieblas, por fin”, fue una de las escogidas para cerrar un concierto especial en todos los sentidos. No solo por la duración, dos horas de reloj que sorprendieron hasta a él mismo “ni yo aguanto tanto tiempo viendo un concierto. A los 50 minutos me tengo que ir. Gracias por aguantarme”. También por las colaboraciones que pasaron por el escenario: Miguel (que no Albert) Rivera, de Maga y Ricardo Lezón, de McEnroe. Junto al primero había estado la noche anterior, en el mismo lugar, celebrando el 15 aniversario de Maga. Con el segundo ha emprendido un proyecto conjunto que, si todo va bien, verá la luz en septiembre. Porque, otra cosa no, pero embarcarse en proyectos nuevos y colaboraciones es algo que vuelve loco al músico catalán. Eso, y reírse de sí mismo. “Aquí mi canción más famosa, y ni siquiera es mía” bromeó antes de dar paso a una delicada y acústica “Te debo un baile”.

Sonaron temas rescatados de repertorio antiguo, como es el caso de “¡Retirada!” y otros hits que hasta hicieron canturrear y “bailar” – todo lo que se puede bailar en un concierto de The New Raemon- al público como “Reina del Amazonas”. Mención especial a una bandaza que, sin perder un ápice de visceralidad, no descuidó ni un solo detalle de un concierto que resumió en una treintena de canciones una carrera musical de una década. ¿Terapia? ¿Ejercicio de síntesis? ¿Cierre de etapa? Lo sabremos en próximos capítulos.