La jornada inaugural del Sonar Noche arrancó ayer con el esperado concierto de unos New Order en el que Bernard Sumner se erige como el único superviviente sobre el escenario, ya que Peter Hook huyó para hacer su propio tour basado en ese clásico en el que se ha convertido “Unknown Pleasures”. Y aunque al inicio cabe decir que hubo poca conexión entre público y banda con temas como “Elegy” o “Regret”, no es hasta  “Ceremony” cuando se empieza a observar a un grupo más consolidado y a parte de la concurrencia bailando. Danzas que, como acostumbra a suceder en los conciertos ochenteros ,se inician en la gente de los laterales, cubata en mano, mientras las primeras filas ni se inmutan, pese a la particular versión con teclados rítmicos de “Isolation”. Y lo cierto es que no es hasta la mitad del show, justo después de que Sumner anuncie el resultado de España en el partido de la Eurocopa, que la magia surge a ritmo de “Bizarre Love Triangle” seguida de un espectacular “True Faith” con Bernard centrado totalmente en las funciones vocales y dejando su guitarra a un lado.
Las proyecciones de todo el show ayudan a entrar en calor, imágenes ligadas a los temas, luces perfectas para los momentos más bailables como en “586”, hasta que por fin llega la culminación del concierto con “The Perfect Kiss”, “Temptation” y un “Blue Monday” maravilloso, que como todos los temas de New Order en directo, suena algo diferente a la original. Algo a todas luces positivo, pues deja paso a la sorpresa en los cambios de ritmos y a la vez demuestra que esta banda ya no es la misma que sacaba lo discos en la Factory Records de Manchester.

El final deseado es el homenaje a la marca Joy Division con “Transmission” desgastando las cuerdas vocales de Sumner y un “Love Will Tears Apart” que cada vez se parece más un himno hooligan que a la rompedora canción que compuso Ian Curtis.