Todavía recuerdo la velocidad a la que volaron las entradas en una de las anteriores visitas de los madrileños Natos y Waor a Barcelona. En apenas dos días agotaron todos los tickets para tres conciertos en Music Hall. Esta vez no iba a ser muy distinto y se ventilarían ni más ni menos que dos Apolos grandes a toda velocidad. El público barcelonés parece conectar con facilidad con la propuesta urbana y callejera de Natos (camiseta del Barça bajo su chaqueta, gafas de sol) y Waor (sudadera, camiseta y gorra). Sus registros se combinan a la perfección. Uno raspa, el otro vacila; uno golpea, el otro vacila de nuevo, mientras en las bases suenan baterías combinadas con acústicas. Sus rimas no descubren nuevos caminos, ni siquiera diría que tienen un estilo propio a la hora de escribir, algo que suplen con la personalidad de sus voces y la peculiaridad de unas bases que, desde el minimalismo, funcionan como es debido. Pero funcionan sobre el escenario y contagian a su público de una excitación que recuerda a la que se sentía sobre el escenario en los primeros días del rap en castellano de los noventa. Son parte de una nueva generación de la rima española, la que marcan nombres como Arce, Hard GZ, Denom y muchos otros, que tan pronto colaboran entre ellos como se acercan a nombres de más trayectoria como Costa o Ikki para moverse hacia otros caminos.

No hay demasiadas sorpresas a lo largo de su breve set, pero la gente enloquece cuando interpretan hits como “Gloria”, “Camarón” o cuando invitan a sus teloneros (Iván Cano y Dual TOD) a subir a las tablas para cantar “Como la cocaína”. Los brazos en alto se mantienen cuando suenan temas más calmados como “Delirium”, aunque el corear de la joven audiencia se mantiene en realidad durante todo el concierto, independientemente del mensaje de cada canción. Da la impresión de que los seguidores y las seguidoras de la banda cantan sin atender demasiado al tipo de proclamas e ideas que hay en las letras de Natos y de Waor. Quizás llegará el momento en el que la gente se fijará más en si lo que están cantando entra en conflicto con sus propias ideas, pero parece que no será esta noche. Sus jóvenes fans (generalizando, chicos y chicas menores de veintitres) están aquí para disfrutar. Y esta noche han disfrutado, de eso no cabe duda, porque aunque Natos y Waor no sean la mejor formación de rap que uno pueda ver sobre el escenario, le dan al público exactamente lo que espera.

Mientras los voceros habituales gritan a los cuatro vientos que ha llegado el fin del rap en castellano (“es tiempo de trap” repiten una y otra vez como gallinas en un gallinero), Natos, Waor, sus amigos y muchos otros raperos demuestran que esa idea no es más que una soberana estupidez.