Dron: – del inglés “Drone” – vehículo aéreo no tripulado.
Con esta definición, no solo nos podemos referir al séptimo trabajo de la banda inglesa “Drones”, sino que viene como anillo al dedo para definir la gira mundial con la que Muse hoy mismo repite en Madrid. “Drones Word Tour” es eso, un vehículo tan minuciosamente ensamblado y estudiado que funciona solo, sin fallos, con la altitud y las maniobras precisas para ejecutar un vuelo perfecto ante las 16.000 almas boquiabiertas que abarrotaban el Barclaycard Center.

Un escenario giratorio 360º, situado en el centro del recinto con dos lenguas laterales, ocho pies de micro dispuestos estratégicamente, un set de paneles móviles sobre los que proyectar inteligentemente, juegos de luces infinitos y una banda curtida en cientos de directos multitudinarios, fueron los ingredientes infalibles para Muse, una vez más, hicieran lo que mejor saben hacer: atrapar a las masas. ¿Rock fácil de estadio? Es posible, si entendemos por “fácil” dar un show de estas características sin despeinarse. Son como esos patinadores sobre hielo que ves en la tele y hacen pensar que patinar es fácil por el depurado de su técnica, Muse son el ejemplo perfecto de ese espejismo en el que lo complicado se hace simple a los ojos del espectador, aunque venga envuelto en un despliegue tecnológico apabullante.

La noche comenzó con los coros de “Drones” y unas proyecciones apocalípticas que dieron paso a los guitarrazos de “Psycho” y a unos flamantes Muse que comenzaron a tocar bajo cinco drones-esferas luminosas que volaban y se movían encima del público. Continuaron con “Reapers” y un Matthew Bellamy que ya comenzaba a alardear de su virtuosismo a la guitarra para pasar a “Plug in baby” y tener con solo tres canciones al público rendido a sus pies. Aquello solo acababa de comenzar… “Dead inside” y un pequeño respiro al piano con “Isolated System” dieron paso a “The Handler” acompañado de uno de los momentos visuales más potentes del show, en el que Matt y los suyos parecían marionetas movidos por unas manos gigantes, proyectadas con un mapping impoluto y absolutamente impresionante. No faltaron clásicos en su repertorio como “Supermassive Black Hole” o “Starlight”, su gloriosa “Apocalypse Please” o una potente “Map of the Problematique”. Ni siquiera el dedo roto del pie con el que Matthew tuvo que actuar, pudo detener sus carreras por todas las pasarelas del escenario, mientras que sus compañeros giraban sin parar en las plataformas centrales. Los coreos de “Time is running out” precedieron al em-poderamiento masivo de “Uprising” con puños en alto, gargantas rotas y palmas, ya parecía difícil superar la majestuosidad y la fuerza de “The Globalist”.

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Solo quedaba coronar aquellas casi dos horas de espectáculo con una recta final gloriosa y vibrante con “Take a Bow”, el optimismo de “Mercy” y ríos de confeti con forma de persona flotando por todo el recinto. El cierre no podía ser de otra manera, un solo de armónica abría camino a los acordes de la épica inconmensurable de “Knights of Cydonia”. Aplausos, aplausos, aplausos. “Despierten, el vuelo ha terminado, vuelvan a la triste realidad”