Asistir a un concierto de Mursego conlleva adentrarse en el universo de Maite Arroitajauregi, su propuesta trasciende lo musical, lo que ella propone es una performance, una intervención artística. La creadora eibarresa arriesga, busca los limites tanto en sus textos como en sus composiciones; es ácida y crítica, siempre en constante búsqueda, experimenta; y eso, cuanto menos, es de agradecer. Sobre todo en un mercado en el que lo encorsetado, moldeado y previsible, cada vez es más habitual. Venía presentando su última referencia “100% Oion” (leer entrevista) y le esperaba un Apolo lleno a reventar.

Sobre las 20:30 de la noche la voz de Maite se abría paso entre el público entonando una melodía que dejó a la sala en silencio y le facilitó un pasillo para llegar al escenario. En un ambiente cercano y acogedor, como suele ser costumbre en las propuestas que nos ofrece el colectivo Triangelu en el Apolo, el imaginario de Mursego comenzó a andar.

Rodeada de varios “juguetes” (autoarpa, ukelele, casiotone, melodion…) y su inseparable violonchelo, en este viaje pudimos escuchar cumbia, sonidos africanos, canción popular, poesía y un falso tango, más cerca de Finlandia que de Argentina. Así sonaron “Iraulkatxi”, canción instrumental que está inspirada en el tradicional “Revolcón del Katxi” (baile que se recrea en las fiestas patronales de San Vicente y San Anastasio), la emotiva “Iraganik gabeko emakumea” o la aplaudida y ya mítica en su repertorio “Cumbia villera de la ciudad armera” donde nos recordaba que Gasteiz es el lugar perfecto para una cumbia esquimal, o incluso boreal.

“Zurrumurru, Zurrumurru” pone el foco en un conflicto que desgraciadamente está más vivo que nunca, la verborrea del miedo al extranjero, los estereotipos de charla de bar (“el caso es hablar por hablar”) que generan odio y xenofobia. La simpática “Maneki neko katua” sacó las sonrisas de los más txikis que poblaban las primeras filas, y es que como representa el gato más conocido de Japón, esa noche, éramos todos bienvenidos. En “Eusnob” Maite hace un ejercicio de autocritica, en clave de humor, en un alarde de imaginación y cultura pop, para acabar riéndonos de nosotros mismos.

Mursego transita entre todo tipo de emociones, entre la tragedia y la comedia, los temas sociales y emocionales, con una especial mano izquierda; y de la risa nos invita a ponernos un poco serios otra vez, como en la canción hecha por Xabier Amuriza contra la central nuclear de Lemoiz. Saludos y agradecimientos a los presentes, con especial cariño a sus paisanos de Guipúzcoa, muchos de ellos en las filas de Hala Bedi Irratia. Antes de irse homenajea a todas las mujeres, en especial a las madres, con la versión de Kau Kori Kura, y nos hace volver a recapacitar a los hombres de la sala, nunca son suficientes las oportunidades para seguir aprendiendo, gracias Maite. Regalo de última hora para cerrar la sesión con “My only child” de NICO.

Una propuesta libre y arriesgada pero con una naturalidad tan palpable que hace de Mursego una artista en la que fijarse y recrearse.