North (2016), el debut de los madrileños Morgan, les ha convertido en una de las revelaciones de la pasada temporada, y por primera vez venían a presentarlo a Cantabria. Así que tras el calentamiento a cargo de Joseba Irazoki (quien durante casi media hora de desvaríos e improvisaciones guitarrísticas expuso su alucinante visión del blues) llegaba el momento de comprobar qué es lo que hay detrás del fenómeno.

Cinco músicos dispuestos en semicírculo, sin nadie en el centro. La manera en la que los componentes Morgan se sitúan sobre el escenario ya da pistas sobre cómo funciona la banda. Operan como una maquinaria bien templada, en la que cada pieza es necesaria para que el conjunto pueda manejarse con soltura entre los distintos tiempos e intensidades presentes en su repertorio. Todos son imprescindibles, ninguno es contingente. Eso sí, esta noche la mención especial se la llevó Gabi Planas, suplente que cubría la baja del batería titular, y que cumplió con creces a pesar de no haber tenido apenas tiempo para ensayar.

Con todo, sentada al teclado en el extremo izquierdo del escenario, Nina acaparó gran parte del protagonismo. Como vocalista excepcional, ella es quien permite que la música del grupo fluya desde la intimidad hasta la catarsis. Eso sucede en la sutileza de sus canciones más soul (Weather, Home), en la profundidad de country (Roar) y en la electricidad desatada del blues. (Attempting, Goodbye). Nina canta, interpreta, o más bien encarna las letras llenas de historias de culpa, arrepentimiento y redención. Y lo hace con un fervor sanador que se torna casi religioso en los momentos en que se acercan al góspel, como Praying o Sometimes.

Durante el concierto hubo tiempo para repasar prácticamente el álbum completo, y de paso para saludar a aliados como Quique González, que se encontraba entre el público cuando desde el escenario le dedicaron Volver; para reverenciar a los clásicos, con la versión que tocaron durante los bises de The Night they Drove Old Dixie Town de The Band; e incluso para cerrar con Marry You, un tema inédito en el que Nina lució todo su poderío vocal.

Un tema que parece anunciar lo que ahora tiene el grupo por delante. Con su directo, Morgan se muestra como una banda que acaba de completar con éxito las primeras etapas de su trayectoria, y que a partir de ese momento no puede hacer otra cosa más que crecer y crecer. Y que, como se vio cuando atacaron Thank You (el momento más bailable de su cancionero), no solo disfrutan sobre el escenario sino que son capaces de contagiar al público de esa alegría.

En fin, fue un concierto bonito, que justifica el status actual de la banda y que, como las series que cierran una temporada en pleno clímax narrativo, deja al espectador impaciente por conocer lo qué sucederá a continuación. ¿Sonarán sus nuevas canciones con tanto tino como las que ya conocemos? ¿Llegará el día en que recordemos este concierto como uno de los primeros pasos en el camino hacia algo muy grande? Solo el tiempo traerá la respuesta.