Las proyecciones de mosaicos coloridos y las luces menguantes crearon el ambiente perfecto para que MGMT desplegaran todo su potencial psicotrópico. Guitarras que se perdían en nubes sonoras para regresar con estribillos de sobras conocidos. El público –en su mayoría extranjero-, contemplaba en un estado letárgico los temas menos populares del dúo, sin que la euforia se apoderara del ambiente. Quizá MGMT huyó de la noche facilona para no convertirse en una “one hit wonder band”. Pero este tira y afloja entre público y banda no podía llegar a tal nivel como para obviar rompepistas como “Kids” o “It’s Working”, con los que un Razzmatazz llenísimo por fin se dejó llevar. Entre agradecimientos y luces cegadoras, llegaron “Congratulations” y “The Handshake”. Sin embargo, queda un sabor agridulce por lo mucho que entusiasman sus discos y ese punto que les falta en directo.