Reconozco que los discos de Mendetz me resultan meramente cumplidores en el mejor de los casos. La situación, lejos de significar un drama, no reviste demasiada gravedad tras la evidencia que desde sus comienzos señala a los catalanes como una banda ideada por y para el efectivo despliegue en directo. La propuesta del cuarteto resplandece milagrosamente tras resultar liberada del estrecho marcaje de una habitación y conquistar el escenario de turno con un vibrante torrente de electro-rock que salpica a todo aquel que se encuentre al alcance de su influjo, evitando siempre los incómodos bajones de intensidad. Y es que el combo logró un sonido nítido y contundente que conectó con unos aficionados con ganas de bailar, a pesar de que su propuesta sea más idónea en la viciosa madrugada de un festival que a unas tempraneras diez de la noche. De este modo la banda cumplió expectativas a su paso por la capital aragonesa, tras concretar con acierto un concierto previsto inicialmente el pasado mes de mayo y empleado en su mayoría para presentar las canciones de su tercer largo “Silly Symphonies” (Magic Bus, 11). Una ciudad que puede presumir de haber acogido hace años la primera actuación del combo fuera de su Barcelona natal y que, por tradicional empatía y vigencia del sonido facturado, debería haber disfrutado de mayor respuesta de público en esta nueva visita. Un aforo ocupado sólo por medio centenar de asistentes que, en cualquier caso, disfrutaron de canciones como “2012”, “Plasticine”, “Hap Your Clands”, “Botino’s Beach”, “Spam” o “Phantoteque”, además de una sorprendente (y funcional) versión del clásico dance de los noventa “Freed From Desire” de Gala y recuperaciones del debut homónimo de 2006 como “Sofa” y la inexcusable “Futuresex”, echando el cierre a un concierto de marcada apariencia triunfal.